viernes, 5 de diciembre de 2014

Día 201: Natural

      El tipo mete la nariz en el tarro y olfatea. Parece un perro descocado. En el desenfreno de una pasión entre comillas el hombre arremete con la nariz, con sus dos agujeritos inofensivos. Huele la caca y ni se mosquea. Luego rueda en el piso, hace unos giritos y saca la lengua. Es un buen ser humano. 
      Le pican las garrapatas. Le hace falta un buen antiparasitario. Pobre, nadie le rasca. Los pies no tienen la suficiente torsión como para hacer ese trabajo. A los animales les va mejor, piensa. Una noche le hice el amor a una lechuza y nadie me lo demandó.
      Salió la luna y aulló en sus contornos. En la vida de lo salvaje, las ramas tienen muescas de dientes. Dos monigotes cazan en la noche, en silencio. Ven sus sombras despertigadas por la noche, lo confunden con algo más, le disparan un par de veces.
      El pobre hombre desnudo. Con un tarro entre las piernas. Complejo de hombre lobo, bromean los cazadores. Vamos, rematalo, le dice a su compañero.
      Jadea como si la vida dependiese de eso. Aun le queda un poco de fuerza. Salta encima de los hombres y los despedaza a mordiscos. Este tipo está loco. Hombre cabreado. De a poco la transformación llega a su fin. Bajo el brillo plateado se lame las heridas, unos cuántos rasguños nomás. Cosquillas de tiros. 
      Mira los reflejos de la ciudad, en la distancia. No siente añoranza. Cada vez recuerda menos. Cada vez olvida mejor. Se posa en cuatro y deja que sus pies se hagan patas. Se adentra en el bosque hasta desaparecer. En una noche todo lo negro vuelve a su reino. Un hombre oscuro deja de serlo.

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