domingo, 7 de diciembre de 2014

Día 203: Sobrenatural

      Un encuentro con el sueño abyecto de muchos. Retazos de hombres han prestado sus servicios para que pueda nacer. Una figura informe con alas de cupido. En su vuelo se adivina el peso de la catástrofe. Los ritos fallidos de una adivinación. Vive de los desperdicios. A veces se alimenta de carne, aunque muchos divulguen gustos de otro tipo. Es extraño más no increíble. Aún se insinúan los rasgos de una humanidad pretérita. 
      Bajó al pueblo a plena luz del día dado que nunca fue un monstruo acomplejado que necesite de la oscuridad. Para evitar confusiones dejó que lo vieran bien. La criatura precisaba alimentarse. El ganado decapitado fue un grato aperitivo.
      Los campesinos, atemorizados por la bestia, disparaban sus escopetas. Nada parecía herirla. Las balas pasaban a través de su estómago, ingresaban en sus labios. En el medio de la balacera la criatura razonó: todo es comestible. Todo. Los seres humanos, el pasto, los árboles, las balas, el cemento, las agujas, los relojes. Todo, absolutamente todo. 
      Así como quien no quiere la cosa, la bestia se comió a todo el pueblo, con sus casas y perros. Nada parecía saciar su hambre. Los retorcijones de estómago aumentaban. Es el hambre, el hambre, se decía a sí misma. 
      El apetito feroz llevó al monstruo a las grandes ciudades. Comió rascacielos, autos de alta gama, celulares, puentes. Los dolores en el vientre no menguaban. 
      Hacer algo, se dijo la bestia. Situación no seguir. Sacar dolor. Abrir. Abrir. Fuera. Con cuidado serruchó su estómago, para sacar de adentro el mal. Esparcir la semilla. Tierra. Cuidado. Bebitos. Mamá.

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