lunes, 15 de diciembre de 2014

Día 211: La onceava extinción

      La cucaracha salió de la vagina luego de realizar la micción. Miró a su nueva madre con cariño. La mujer, horrorizada, pensaba una cloaca, fea y sucia. De ahí no paraban de salir los bichos. Conocía de infecciones genitales, pero una plaga de insectos brotando de allá abajo era demasiado.
      Para no ser menos, le pasó al hombre también. Una escarabajo del tamaño de un asteroide asomaba del pene. Le llegó a las demás mujeres, le atacó a los demás hombres. Es como una gonorrea, pero con onda, como de película, decían. Por suerte no dolía.
      La cosa duraba una semana, tiempo suficiente para echar a perder la vejiga. El agua estaba infectada, aventuraron los científicos. La moda de subir neurovideos a la Supranet con las pequeñas criaturas saliendo de los genitales fue furor. En pleno siglo XXVI el asco, lo grosero era sinónimo de buen gusto, ¿Qué cosa más bella y asquerosa puede existir más que una vagina infectada y podrida?
      No era cualquier cepa. Las cucarachas, escarabajos y lombrices no eran insectos comunes. Por algún lado de su cuerpo escondían los vestigios de un ADN familiar. 
Los insectos heredaron unas extrañas costumbres alimenticias. Necesitaban de carne para llenar el tanque de proteínas y la humana les parecía deliciosa.
      Se reprodujeron a un ritmo fenomenal. La cópula entre bichos post genital fue todo un suceso. En cuestión de una semana la Tierra se convirtió en un bar de mala muerte, con sus cucarachas, ratas y escarabajos carnívoros.
      Devoraron todo, todo. No dejaron nada en pie. Ni los bebés se salvaron. La compasión era un fenómeno sobrevalorado de acuerdo a esta raza superior. Así, la humanidad culminó su período de extinción número once.
      Aún así, ante el delirio inmanente de la catástrofe, la naturaleza tiene un sentido del humor algo retorcido. El hombre siempre le pareció un buen chiste. Sería una pena agotarlo. Así, la madre evolución movió unas cuantas cartas y así fue como en el transcurso de unos cuantos siglos, las cucarachas parieron monos.

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