jueves, 18 de diciembre de 2014

Día 214: La bruma azul

      La bruma azul tenía un poder de sueño. Podía hacer lo que desease con tan solo figurárselo. Le gustaba hacer desaparecer caballos, aunque se sabía que lo que más le divertía era entrar en las casas por la noche y cambiar los muebles de lugar. Menudo susto se pegaba la gente.
      Y cada día descubría algo nuevo. La otra vez, por ejemplo, mandó a volar una vaca. Las cosas flotaban dentro del cuerpo de la bruma azul. También podía colocarles disfraces graciosos y a veces, si se esforzaba, hasta utilizar una especie de control mental. En realidad les lavaba el cerebro, pero su tonta inexperiencia de bruma joven le impedía darse cuenta de cómo era todo.
      A unas cuadras del mar se encontraba la casa de Sonia. Esa mujer volvía loco a la bruma azul. Estaba enamorado hasta las narices, la amaba con asco. Así de tanto.
      La bruma no sabía como conquistarla. Le enviaba canciones con el viento, entraba a su casa y le dejaba flores sobre la mesa de la cocina, pero Sonia parecía no percatarse de su brumosa presencia. Debería ir más lejos. Tanto como sea necesario. Tanto como ese amor asqueroso lo requería.
      Así fue como la bruma azul consumió el cuerpo de un hombre. Lo tomó prestado, como si fuese un traje barato, para controlarlo a su antojo.
      Tocó timbre, ahora con el ramo de flores entre sus manos, esas mismas flores que tanto trabajo le había costado dejar encima de la mesada de la cocina. Le declararía su amor incondicional. Le diría las cosas más hermosas de la galaxia. Le haría saber cuánto la amaba. Hasta las estrellas. ¡Hasta el puto cielo infinito, qué joder!
      Sonia dijo no. Así de sencillo. No. Negativa. Un rechazo hecho y derecho. Con su corazón hecho pedazitos, la bruma azul salió a la calle hecha una furia. ¿por qué, qué había hecho mal? Si el cuerpo que eligió era guapo. La amaba, ¿por qué tenía que salir mal? El cuerpo, sí, el cuerpo no sirve, no le gusta, hay que probar otra cosa.
      La bruma azul salió del cuerpo. Con poco cuidado, debo acotar. El pobre hombre quedó descuajeringado en el piso como un gato aplastado por una jauría de rottweilers. Ahora a buscar otra persona. Pobre bruma, tan joven, no se había enterado que Sonia lo había rechazado a él, a la bruma, y no al cuerpo que usaba.  

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...