sábado, 20 de diciembre de 2014

Día 217: De la volición

      Ahí vienen los bobos de siempre. Portan un gran estandarte por sobre sus cabezas que los identifican. Acá estamos los bobos, vamos a tomar el mundo y nadie va a poder evitarlo. Nos obligaron a tomarnos el vómito de prepo. Nadie nos avisó que iba a estar tan rico. 
      Sabemos que caeran. Todas las cosas caen en algún momento, así funciona la gravedad. Por supuesto, a veces ayudamos, con un empujoncito. Por si acaso. Por si a Newton se le ocurre hacerse el loco. 
      Vamos por la vida como fetos con poco líquido amniótico. Nos comemos el meconio, porque nos gusta. Así funciona la gravedad. Es triste. Es real. Es surreal. Y anodino, también anodino.
      A la hora de las verdades la más efectiva es la mentira. No se necesita regarla, crece sola, como el pasto. Mi madre, todos al grito de ahí vienen los bobos. Hay que sacudirla, la fiesta está por empezar. Contemos los votos. Falta poco. Las urnas están todas cerradas. El hermetismo reina en la sala. 
      Las nociones de dominio no figuran en los manuales, eso es para la gente importante, para el resto están los autos y las lombrices. A veces solo quedan las lombrices, o los gusanos. Pagás tan poco el precio de lo que vas a comprar. Un puñado de incertidumbre. Un kilo de necesad. Media docena de boberas. 
      Mirás al bobo de al lado, creés que está mejor, pero está igual. Todo está igual, salvo lo que no figura en los manuales. Los privilegios de manejar la tinta, la ventaja de producir la hoja. De alguna u otra forma todo cae en su cuenta. Un triciclo alienado pedalea por sobre nuestras cabezas hasta aplastarlas.
      Podríamos ser un jugo podrido, lo prohibido, pero preferimos ser lo tonto, lo bobo, el poco seso. Así es más fácil.

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