lunes, 22 de diciembre de 2014

Día 218: Sacrificio

      Salvado por un tecnicismo barato, así era la cosa. Solo tuvo que decir la palabra mágica para que lo dejaran en paz. No se animó a repetirla. Tampoco quería probar suerte o acaso ofender a los dioses del Olimpo, si es que todavía guardaban su divina morada. 
      Ahora tendría que realizarlo. Su propia muerte poco le servía a la vida que deseaba preservar. En realidad no le servía a nadie que estuviese muerto, ni a él, ni a los soldados que batallaban al frente de la falange. 
      Por un momento creyó sentir los blancos apéndices de Hera revolviendo su cabello. No era más que el viento. Estás solo en esta, viejo, se consoló a sí mismo Logófonos. A quién enviar al fuego sagrado, allí en el extranjero, solo, lejos de la patria. Los guardias persas empezaban a impacientarse.
      El brillo en sus ojos denotaba un desenlace inminente. ¡Sacrificio! ¡Sacrificio a Ahura Mazda! ¡Gloria a Xerxes! Los soldados persas apremiaron a Logófonos para encender la pira. 
      El prisionero temblaba mientras juntaba algunos leños. Cerró sus ojos en un lamento y deseó ser salvado. Recordó viejas ofrendas a Prometeo. Juró por su aliento vital. 
      Alguien pareció escuchar los pedidos del heleno. Una copiosa lluvia cayó sobre el campamento persa. Logófonos aprovechó la poca visibilidad para aventurar un escape.
      Corrió por campos y terrenos escarpados. Lugares desconocidos, más allá de los límites jonios. Logófonos estuvo cerca de que lo atraparan. La suerte o la ayuda divina condujo el resto de su camino. Apoyado sobre sus rodillas murmuró sin hablar una palabra de tres cifras. El mar Egeo, imponente, le daba la bienvenida.

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