miércoles, 24 de diciembre de 2014

Día 220: Imagine

      El pastor indagaba desde el púlpito a su rebaño. Estaba enardecido, de sus mejillas brotaban humo. Otra vez drogado, suspiró uno de los religionarios. No era tan mal discurso después de todo. Hablaba de una batalla, entre Dios y el diablo, y de como Dios le iba a romper los dientes a Satanás, y bla bla bla, cosas así, como para asustar a todos y a su vez darles algo de esperanza. Un producto hueco, pero esperanzador.

      Una línea más, una línea más, pedía el pastor. Esta noche colapsamos todos. No se daba cuenta, al que le estaba por fallar el corazón era a él. Murió sin hacer mucho espectáculo. Cayó de las escaleras y el cuello le giró como un tornillo.
      Las exequias del pastor fueron breves. La familia no quiso hacer mucho revuelo para que no se corran rumores funestos. Aunque ya se hablaba por lo bajo. Muchas cosas feas, por cierto.
      Unos meses después la congregación convocó a su reemplazante. Un joven teólogo de grandes energías. Por la mañana solía hacer una larga caminata, mientras se detenía a saludar a cada habitante del pueblo como si lo conociese de toda la vida. Al menos no parece metido en cosas feas, dijo un vecino.
      Una mañana, cuando realizaba una de sus habituales excursiones por el pueblo, el nuevo pastor sintió un tirón en la pierna derecha. Por desgracia su cuerpo terminó arrastrado en el patio del único vecino con perro en toda la cuadra. El perrito, un amigable rottweiler, no quiso jugar con el amigo que se encontraba en su patio. En cambio le saltó a la yugular y le arrancó un pedazo. Una gran mancha roja irrumpía a través del verde perfecto del pasto recién cortado.
      El tercer reemplazo que envió la congregación ni siquiera tocó el pueblo. Su avión estalló y se hizo polvo en el cielo. Así como el cuarto, el quinto y demases pastores que ocuparon el puesto. No hay casualidades, el puesto está maldito, aseguraron los habitantes del pueblo.
      Lo mejor sería prescindir de un pastor, al menos de momento. Algunos optaron por ser más pragmáticos. A la noche siguiente, un grupo de veinte personas prendió fuego la iglesia hasta los cimientos. Un pajarito que volaba esa noche por las inmediaciones del lugar pió en señal de aprobación. Así fue como el pueblo se libró del problema e inició una nueva etapa de prosperidad inaudita.

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