jueves, 25 de diciembre de 2014

Día 221: Hitchcock

      De un nocturno clamor surgieron las aves. Salen de los árboles con sus alas abigarradas de espanto. En un caos de sentidos las sombras dibujan sus vuelos.
      Ponen los picos sobre la carne, la saborean. Matan un poco para vivir otro poco. Es eterno el momento en que el pájaro arranca el ojo, con meticuloso afán.
      Los cazadores moran en sus jaulas, aguardan el signo oportuno para derribar el nido. Un solo disparo basta. De donde nace lo único, el cielo es la fuente. 
Vuelcan el tarro de arena sobre la trampa. Con las plumas montarán una corona. Corazones para el rey. 
      Las aves hacen guardia, agazapadas entre las ramas. Tienen rifles, fusiles automáticos, lanzagranadas. Están dispuestas a vender cara la derrota. El hábito del monje, dicen. La frontera que se borra. Nadie lo conoce, eso que llaman límite.
      Los cazadores son ingenuos, no saben dónde se meten, están ahí, parados, a la espera de una balacera. Esos pájaros armados hasta los dientes le arrancan los pedazos de piel como si de abrir un regalo se tratase. Muchos mueren desangrados.
      Los pocos vivos son una masa de carne informe que apenas respiran. Las aves se desayunan sus cadáveres con avidez. El hambre las hizo evolucionar, saltear estadios. Así le gritan a sus sombras, un nuevo mañana empieza.

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