lunes, 29 de diciembre de 2014

Día 225: La última extinción

      Desde un tiempo pretérito inundaron la Tierra. Se convirtieron en la peor plaga. Son los humanos. Esas cosas que caminan sobre dos patas. Bípedos. Sufren y lloran, también. No existe un control efectivo sobre la epidemia. Se reproducen y nada los mata, salvo alguna que otra gripe fulera o alguno de esos cánceres superpoderosos.
      A los seres humanos les gusta jugar. Se divierten con lo que tienen a mano. A veces utilizan los recursos de su planeta como si fuesen ilimitados. No les gusta cuidar lo que no ven. Son como pequeños vástagos caprichosos. Tan solo una invasión extraterrestre, la más ínfima que pueda salir de Andrómeda, y su raza no sería más que papilla de bebé.
      Desde la biblioteca del sistema Alpha Persei velamos por la supervivencia de los registros históricos del universo. Es nuestra labor contabilizar el paso de las civilizaciones, por más minúsculas que sean. Los registros pueden ser de carácter ominoso. En muchas razas la semilla misma delata su proceso evolutivo, tanto así como su posterior declive.
      El tiempo no es más que una mancha borrosa en el lienzo de la existencia. No posee direcciones ni marcas que determinen su accionar. Quizás por un capricho divino los seres humanos han tenido la fortuna y la desgracia de experimentar un tiempo de carácter lineal, sin los saltos o repeticiones característicos temporales de otras galaxias. Es beneficioso porque ha contagiado a la humanidad de un sentido de propósito que sobrepasa las cualidades técnicas de su especie, pero por otra parte es lo que ha coartado la posibilidad de un mejor entendimiento de las cosas que les rodean.
      Debo confesar que como bibliotecario en este recinto me encariñé mucho con la raza humana. Por eso es la pena que me da el tener que cerrar su expediente. Me hubiera gustado escribir un mejor epitafio, algo más digno de aquella de especie que quiso conquistar las estrellas. Tan ingenuos, tan llenos de vida y pasión. Han sabido sobrellevar numerosas extinciones, y otros tantos riesgos. Es triste que ante tantos registros que sobreviven en esta biblioteca no queden datos fehacientes acerca del definitivo deceso de los seres humanos. Es todo un misterio, incluso para mí.

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