miércoles, 31 de diciembre de 2014

Día 227: ¿Se acabó la rabia?

      Se había portado tan mal el perro. Se comió al gato, mató a la dueña, meó a la vecina, perdió al poker: todo muy mal ese perro. Más que mal, malísimo. Ahí estaba el desorejado, una caquita con pelos psicótica. Lo maltrataron de chico y quedó así, inquirió muy serio el instructor.
      Lo tenían enjaulado en una perrera con olor a meo rancio. Cada tanto le tiraban una galletita. El perro los miraba a todos de reojo, como si tramase alguna especie de golpe maestro. Los de la sociedad protectora de animales venían cada tanto para romper las pelotas. ¡Eso es maltrato animal! ¡Ustedes son unas bestias! Les gritaban a los cuidadores del lugar.
      Quieren tanto a ese diablo. Adóptenlo, si se animan. Eso trataron de hacer. Eran cinco manifestantes. Los destrozó a todos, con saña infernal. No hubo tiempo para súplicas o prórrogas. El perro se los tragó entero, a cada uno de ellos, sin importar su credo, mucho menos su tamaño o inclinaciones ideológicas respecto al bienestar de los animales.
      No entendían nada. El perro era malo. Estaba contaminado con alguna clase de cepa maligna, le brotaba el mal del aliento. Ladraba en una jerga demoníaca. No, no exageraban, el perro era malo, malo, malo. En serio. Cuenta un vecino que una vez lo vio a ese perro jugueteando con el ojo de un niño. Se lo había arrancado de un mordisco. Cuando se asomó por la ventana estaba recostado en su patio, con el ojo entre las patas, como si fuera una pelotita de golf.
      Luego de la horrible muerte de la dueña del perro, velada a cajón cerrado por obvias razones, los habitantes del pueblo quisieron practicarle un exorcismo al can. El cura, un novicio en lo que a esas prácticas se refiere, ingresó temeroso a su reino, el patio. Llevaba una botella de gaseosa a medio llenar con agua recién bendecida en una mano y en la otra un rosario de madera. El perro se le apareció por atrás. El cura no contó la historia.
      También trataron de prender fuego la casa. Pero el perro se incendió y no volvió a apagarse. Ahora parece la mascota de Ghost rider, bromeaban algunos jóvenes. A esta altura la sociedad protectora de animales había llegado al concenso de que ese perro hace tiempo que había dejado de ser un animal. Ahora era un algo más, y no había asociación que protegiese a esos algo más. Ya las irán a inventar, prodigaba jocoso un viejito que pasaba cada tanto por la casa del perro. Al menos ya no tenemos tantos gatos en la ciudad. Eso aliviaba a los que odiaban a los gatitos. 
      Después de tanto les ganó por cansancio. Esa porquería no los iba a dejar vivir en paz. Así que montaron una pared como de cuatro metros y medio alrededor del patio. Muchos hombres murieron a causa de las mordidas y desgarradas. Se sabe que la cosa murió de viejo. Aunque cada tanto dicen que se oye una especie de aullido, lejano, que se confunde con el viento.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...