jueves, 1 de enero de 2015

Día 228: La rebelión de los sifones

      A lo último los payasos tomaron el control. La glorieta estaba pintada con motivos obscenos y extraños mantras rituales, como para invocar a Cthulhu. Luego de varios debates lo decidieron, esa noche llenarían de serpentinas toda la ciudad, así costase como costase.
      De vez en cuando la luna reflejaba las sonrisas psicópatas al caminar bajo las calles del barrio. La acción debía ser quirúrgica, antes que cayera la policía, el brazo amargo de la ley. El día llegaría. Los payasos caminarían y serían reconocidos como los amos de toda la puta ciudad.
       Porque contagiarían a todos los malditos estúpidos sumidos en sus grises vidas. Los obligarían a vivir entre colores, así como la realidad del no-daltónico lo manda. Inflaron muchos globos y la música salía como del cielo. A uno de los payasos se le ocurrió regalar botellas de cerveza. ¿Van a morir? ¿cómo quieren morir? Así los compraron a todos.
      Luego la ciudad se sumergió en un caos, de la mucha alegría reventaban las costuras. Cayeron las fuerzas armadas y no sirvió, los payasos estaban desmadrados. La rebelión de los sifones había sido un éxito.

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