viernes, 2 de enero de 2015

Día 229: Dilemas de la vida que seguirán

      ¿Tenemos puestos los pantalones al revés para atraer las ondas electromagnéticas? ¿Cabrá en su cuartucho la vida eterna? ¿Tendrá noción de lo que ocurre ese triste gavilán polluelo mientras trata de engullirse a esa carnosa gallina? ¿Dónde quedaron los deseos? ¿Por qué tenemos un dedo más grande que otro? ¿Ese monigote que nos señala podrá hacer algo más importante de lo que tenemos pensado? ¿Lo primero puede prevalecer sobre lo segundo? ¿Cuánto mal acarrea un solo cuerpo hasta caer vencido por el bien? ¿El problema es del dedo o de la uña encarnada? ¿Es factible de esquivar lo evidente y caer en la novedad del terreno intransitado? ¿Ese auto abollado, cuántas historias grita a través de sus vidrios agujereados? ¿Pedir el cielo para ganar la tierra o comer los restos para iniciar lo nuevo? ¿Los justos heredarán la Tierra? ¿Cuánta muerte podrá remediar el precio de la catástrofe?  ¿Cuántos espacios demorados por el vacío sirven para engrandecer la pantomima? ¿Podemos engañar a los guanacos? ¿Escupen con fuerza para no demostrar sus debilidades? ¿Cuantos guanacos se necesitan para cambiar un foco de luz? ¿Hasta dónde seguirán las preguntas? ¿Será más válido el silencio? ¿Cuántas preguntas se necesitan para cambiar un foco de luz? No más preguntas, juez.

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