martes, 6 de enero de 2015

Día 233: Sexo

      El cuero, sexy para el golpe. Un puño de látex introduciéndose todo. Desgarra, conmueve, acicala. Un teatro de variedades del placer. Un cataclismo sexual de tamañas proporciones. El día señalado todos cogerán. Sin importar el color, el ombligo o el tamaño del pito. Todos por igual se encaminarán hacia una orgía mesiánica, tal como lo han señalado las escrituras.
      Se arroparán las mantas y practicarán en el desenfreno de los abismos todas las cosas oscuras imaginadas. Lluvias amarillas. Dulce de leche especial. Casas de muchas puertas. Bolsas a la cabeza. Plástico, mucho plástico. Hay que lamer a los muertos hasta que salga todo el pus de la carne. Escupir bolitas sobre la grasa, hasta excitarse mucho y romper en un nuevo grito de depravación. Sin ahorro. Gastarlo todo. Hasta el último puto centavo.
      Lo veo nacer en la simiente del eterno acabado. El novicio desnudo ante la manta despide sus vapores, exhala sus fluidos. Respira en el sexo lo que la nada le otorga. Mama de la sangre ritual. Pide el sacrificio. A la cabeza. A la cabeza. Despide el jugo y brota.
      Por los corredores se pelean. Blanden sus bates. Agitan sus lástimas hasta donde les cabe el odio. Mueren con el amor de una verdad, eterna como lo nuevo, álgida en lo desquiciado. Mana la herida, cuelga el tótem endurecido bajo las piernas. 
      Se estremece, se cuela el final, el cúmulo empedernido de la victoria, esa sonrisa agónica que despierta y muere como nunca, en un flagelo de deleite ininterrumpido. Ganar hasta las heces. Hasta que acabe el sol. Por fin. 

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