jueves, 8 de enero de 2015

Día 235: El cuento de la buena pipa. Una fantasía.

      Y un buen día decidieron enlatar todas las dudas en un mismo envase. Le pusieron de nombre religión, porque sonaba ostentosa la palabra. A algunos les pareció un buen negocio, así que comenzaron a inventar toda una trama detrás de las explicaciones, como para dotar a la historia de cierta coherencia.
      El personaje principal del cuento era un señor muy agraciado, con dotes sobrenaturales. Esa clase de persona que te gustaría ser cuando estás borracho y te sentís con ánimos de aplastar al mundo. Un pequeño megalomaníaco que no dudaba en aplastarte el cerebro si tus preceptos iban en contra de sus pensamientos. Claro, a veces tenía lugar para la bondad. Eso le daba carisma. Tuvo diferentes nombres a lo largo de las diversas sociedades. Al final le quedó un nombre simple, fácil de recordar: Dios. Así con mayúsculas. Como para que le tengan miedo los infieles.
      Dios es un señor benevolente y temerario. Es como un Gandhi sociópata con poderes ultraterrenales. O una secuela de Dragon ball, lo mismo da. El cuento es similar. Dios no puede existir en nuestro plano, es demasiado poderoso para la atmósfera terrestre, un solo contacto de sus tentáculos nos dejaría chamuscados de por vida. Así que por eso prevalece su presencia en las sombras. In absentia.
      Claro, tiene que comunicarse con nosotros. Tiene que haber pruebas. Nadie va a creer que un pobre diablo que alaba cosas invisibles no va a tener pruebas de algo antes de que lo consideren un loco. Por eso creer y demuestra. Un par de pruebas basta. No, el método científico acá no sirve, eso es demasiado glamour. Esto es más básico. Hay pruebas A y pruebas B, ambas optan por caminos paralelos. Son líneas que nunca se tocan. La fe o creencia es un acto de perpendicularidad al paralelismo de las pruebas, o sea, una contradicción fáctica.
      Así que hay que ponerle un poco de buena voluntad para conectar los puntos, a veces incongruentes. Buscan la conveniencia y no la verdad. Temen a la luz. Por eso se anidan en la oscuridad, como cuervos. 
      Un nuevo facilismo nace bajo el sol. La mejor explicación a todos los interrogantes. Así la venden, como papa caliente. El mejor producto del capitalismo en ciernes. Se hizo grande, como todo monstruo. Lo dejaron criarse entre las grietas de las incertidumbres, creció gracias a los despojos del dogma indiscutido. 
      El organismo es acéfalo. Tienen la cabeza escondida en alguna mazmorra del Vaticano o quizás en un subsuelo de Jerusalem. El secreto de la cabeza es que está embadurnada de sangre seca. Fue arrancada de cuajo, a través de un acto barbárico fundacional. Escondieron la historia debajo del tapete y ahora lucran con el negocio de la fe y las creencias de las personas que no saben, porque en verdad no pueden saber. Nada más lo que ven los ojos.   

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