viernes, 16 de enero de 2015

Día 243: La nota del muerto Pt. 1

      Un mensaje despertó las sospechas. Estaba ahí pegado a la ventana, como un intruso atrapado con las manos en algo inoportuno. Hasta ese momento parecía un suicidio. El tipo había agarrado un hacha y se la había clavado con gran tino en el medio de la carótida. Había huellas del suicida en toda el arma. Huellas en la puerta, huellas en la ventana. Incluso en el mensaje.
      El papel decía algo así como: "Estamos salvados", ¿salvados de qué? ¿de la vida? ¿por qué el plural si era un solo tipo? Los oficiales, luego de encontrar la nota, se asomaron por la ventana. Unas cuantas pisadas conducían a la calle. 
      El presunto homicida se había esfumado. El detective a cargo de la investigación recordó un viejo libro leído. Conocía bastante sobre asesinatos y la mayoría, los más enigmáticos, eran llevados a cabo por una pasión enferma y retorcida. Esa era más o menos la clave. Aunque claro, el mayor interrogante se situaba en cómo descubrir la situación inicial que empujó el desenfreno de aquella pasión. 
      La nota mencionaba una clase de salvación. Le extrañaba aún más ese uso desprevenido del plural. Estamos. ¿Él y quién más? Es cierto que también podría referirse a sus vecinos, a la ciudad o a la humanidad entera. Una especie de nosotros global. Quizás el mensaje no sea tan importante. Aun así lo dejó sobre el escritorio del grafólogo. Por las dudas. 
      La oficina del destacamento estaba llena de casos similares. Es la época, pensaba el detective. El calor los vuelve locos. Los cortes de luz y la falta de aire acondicionado llevan a las personas a matar a la suegra o a colgar al perro de un mástil, bromeaba con sus compañeros. Ocupó su mente con casos cercanos a una próxima resolución. Le agradaba esa etapa de la investigación, la del carpetazo inminente. Así podía estar en paz. Un caso por día. Era lo mínimo para volver tranquilo a casa.
      Sin embargo no podía olvidar la nota. Releyó el libro a ver si encontraba algún tip, algo que hubieran pasado por alto. No era un gran texto, el autor escribía como un autómata, y a veces ciertas frases tenían como un halo de misticismo barato, pero las categorías para diseccionar los asesinatos eran útiles. Cada dos o tres páginas se encontraba con alguna que otra nota al margen. Eran sus anotaciones. 
      A veces se encontraban formuladas en forma de pregunta: ¿Quiere decir que el hombre en sociedad tiene consciencia previa de la idea de crimen? En otras ocasiones aparecía un cuadro con un símbolo que sólo él entendía. Hombre = Natural Α / Enfermedad < Estado Ω.
      Repasó algunas hojas. A principios del anteúltimo capítulo encontró una palabra en mayúsculas dentro de un círculo rojo. IDENTIDAD ?
      Patrones, líneas de pensamiento, actuación cultural, motivaciones personales, aquello que hacía único a un individuo. Por aquellos lares estaban enraizadas las bases de la identidad. No son uno, son dos. Esa idea rebotaba contra su cerebro una y otra vez, como un mantra oculto entre las grietas. Unos dedos sobre su hombro le hicieron volver a la realidad.
      El grafólogo estaba parado a su lado. Acomodaba sus anteojos aunque no lo precisara. Sudaba un poco y le costó hablar. Tenía que comentarle al detective el resumen del informe preliminar. El detective invitó al hombre a tomar asiento. El grafólogo limpió el asiento y se ajustó los anteojos una vez más.
      La nota no tenía indicios extraordinarios de violencia mental previo al hecho. El hombre estaba en sus cabales antes de tomar tal determinación. De acuerdo a sus estimaciones, la nota debió haber sido escrita unos pocos minutos antes de suicidarse. Incluso aventuró que podría haberla escrito después, dijo, mientras emitía una risita nerviosa. Es verdad, el trazo es muy reciente, incluso parece posterior. Parezco loco al explicarlo, pero eso es lo que dice la muestra. Y la escribió el muerto. Es así. Eso es indudable.
      Aunque más lo extrañaba el resultado que arrojaban sus informes en relación a viejos escritos del muerto. La escritura cambió de repente. Mire el trazo de la D y la S, es muy diferente. Puedo asegurar que son dos personas diferentes. Eso tampoco me queda duda alguna. Pero es extraño. Los peritos me aseguraron que la nota fue escrita por el muerto. Están sus huellas, su ADN. Es indudable la identidad del muerto.
      La identidad del muerto. La identidad del muerto. Otra vez esa palabra, pensó el detective. Agradeció al grafólogo y prometió una nueva reunión para la semana próxima. Identidad. Muerto. Indudable. Posterior. Identidad. Estamos salvados. No son uno, son dos.
      El detective cerró la carpeta que le había dejado el detective. Miró su reloj. Faltaban unos quince minutos para volver a casa. Parece que hoy va a ser un día sin resolución, se dijo resignado. El detective se preguntó cuál sería la remota posibilidad, de existir, que un asesino concuerde con la víctima en huellas y ADN. ¿Sería un clon? ¿un doppelgänger? ¿o quizás una especie de gemelo extraordinario? Pronto lo averiguaría.


Puede continuar...

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