domingo, 18 de enero de 2015

Día 245: La nota del muerto Pt. 3

      "Estoy solo" fue el primer pensamiento que surgió de la cabeza de Green. Estaba todavía algo atontado por el golpe del hacha. Solo un rasguño en el cuello, se dijo. La sangre ya estaba seca. Seguro le quedaría una buena cicatriz. El segundo pensamiento fue: "Estoy muerto".
      Mejor dicho, estuve muerto. Sin lugar a dudas despertó en la morgue. No podía recordar nada. Salvo un hacha, el golpe sobre el cuello y haber escrito una nota. ¿Qué habría escrito? ¿alguna especie de manifiesto? ¿una carta de despedida como la que hacen los suicidas antes de tomarse el bote? Su mente estaba tan blanca como las paredes de la morgue.
      Green tomó asiento. Estaba en una mesa de disección. Algunos instrumentos sobre la mesa. Sin lugar a dudas lo iban a abrir. Tal vez lo rellenarían y se lo comerían para navidad. Eso no le hizo mucha gracia. Todavía necesitaba sus tripas. Si tan solo pudiera recordar cómo llegó hasta ahí. Tendría que explicarles a todos que habían cometido una equivocación.
      Una corriente de viento dentro de su cuerpo le susurró algo como que mucho no le iban a creer. ¿Será la llamada cordura? ¿Estaré loco? decía Green en voz baja. Primero lo primero, tenía que escapar de la morgue. Por suerte el hotel para muertos no era una cárcel de máxima seguridad. A lo sumo tendría que inmovilizar a un guardia de seguridad dormitando en la garita.
      Así fue. Green no necesitó hacer uso de la fuerza que todavía le flaqueaba. El guardia estaba despatarrado sobre la silla, mientras hacía roncar al motor que llevaba debajo del pecho. Tendría que tomar la llave y salir por la puerta. Nada más fácil.
      La lluvia nocturna golpeó contra la cara de Green. Recordó que estaba casi desnudo. Tendría que vestirse pronto antes que llamara la atención de algún policía. No miró el reloj, pero supuso que serían como las 2 o 3 de la mañana.
      Debo tener amnesia, se dijo Green. Si camino un poco seguro comenzaré a recordar. Sentía frío. La bata se pegó contra su cuerpo. Estaba todo mojado. Sin saber adónde ir dejó que sus pies marcaran el camino. 
      Caminó unas cinco cuadras y dobló a la izquierda, luego otras dos cuadras y de nuevo giró a la izquierda. Sus pies aun conservaban la memoria, vaya a saber de qué. Por un instante Green temió estar dando vueltas en círculos. Terminaré en la morgue. Voy a morir de verdad. Eso es lo que deseo. Vamos a estar salvados.
      No supo por qué había dicho esas cosas, ¿estaría soñando despierto? O quizás habría comenzado a recuperar sus recuerdos. Sus pies se detuvieron. Green estaba parado frente a un edificio gris de cuatro pisos. Acá debo vivir. Segundo piso. Departamento B. Al fin su cerebro empezaba a darle respuestas. 
      Por un momento quiso salir corriendo hacia su casa. Vestirse, comer y dormir por lo menos durante una semana. Algo lo detuvo. Un hombre estaba parado frente al portal. Le daba la espalda.
      Tendría unos cuarenta y cinco años, estimó Green. Un hombre fornido con sobretodo caqui. Esa persona le resultaba conocida. Por su aspecto debe ser un policía o algo por el estilo. Esperó a que se retirara. Tendría que vestirse y salir a buscar a ese hombre. La corriente de viento le hizo articular una palabra: Brown.


Continuará... 

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