jueves, 22 de enero de 2015

Día 249: Momentos de un gato

      El gato maúlla y se arroja sobre la cama. Es el dueño de la pieza. Está viejo y por sobre todo algo excedido de peso. Hace un par de semanas descubrió un espejo en el cual se queda horas contemplando su esbelta figura antes de quedarse dormido. Bello, bello eres, suspira el gato viejo.
      Está por morir, lo sabe. No bajo la violencia del humano, está claro. El peso de la naturaleza ejerce su inercia. Todavía recuerda cuando era apenas un gatito de orejas puntiagudas. Le gustaba tomar leche del plato. Cada tanto mataba algún que otro ratón. Los viejos tiempos. Todavía los humanos con los que vivía ignoraban que iba a ser un bello gato fofo.
      Se estiró sobre la cama y se afiló las uñas. Espera el peligro, lo presiente. El humano puede ser persuasivo cuando lo desea, pero cuando de su espacio se trata, es una fiera más que despiadada. No abandonaría esa cama. Moriré de hambre y dejaré mi cadáver en este lugar, sin importar lo que venga, razonaba el gato.
      También la edad te vuelve un viejo trastornado. Hay que respetar los deseos del faraón, por más descabellados que sean. Así es como lo vive un gato, mientras respira sus últimos momentos en la Tierra. Sabe que su cuerpo pronto adobará la hierba. Algunas cosas las entiende bien, mejor que el humano, al que considera su par deficiente. Son gatos tontos y gigantes, así es como ven los gatos a los seres humanos.
      El gato tiene objetivos humildes. Es un emperador, un rey o un ser supremo, puede elegir uno de esos. Menos sería una hipocresía. Quisieron sacarlo a escobazos y permaneció pegado al acolchado, como una figurita gorda con forma de gato. 
      El momento de la muerte se acerca, el gato lo sabe. Catorce buenos años. Es el final, mi amigo, este es el final. Lamento morir virgen. Decían que meaba las alfombras y me cortaron mis cosas. Ahora no puedo acercarme a las gatas, me da asco. Es una pena que no haya nada más allá, piensa el gato. A veces le gustaría inventar un dios gato que le otorgue alguna especie de vida eterna. No sufriré. Morir con dignidad. Eso. Así es como el gato la palmó.

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