viernes, 23 de enero de 2015

Día 250: Lluvias de Enero

      En algún lugar dejaron amontonados a todos los muertos. Ahora huelen feo. Es como una caca que no se va. Queda flotando en el inodoro, inerte, ajena a su destino. Creen que es un juego de ultratumba. Un trabalenguas difícil, esos que te matan.
      Un fuelle acobardado suena por el camino. Es una marcha fúnebre. Van a enterrar a los muertos. Los hombres prometen furia, prometen revolución, prometen espanto. Mientra tanto las viejas sueñan. Perciben el rocío y se regodean en sus cuerpos arrugados. Se cortaron las uñas. Se ponen coquetas.
      Un lápiz de labio con forma de bala atraviesa todos los cráneos. Así es el amor, dicen. La estampida mata todo lo que pisa. No razonan. No saben que es un señuelo. En un maremoto de pitos las voces estallan. Quieren el sexo, quieren derrocar lo que venga.
      Un pitufo feo patea a los muertos. Desea despertarlos de su descanso alargado. Un momento vertical de vida apagado por y para siempre. El pitufo feo sabe lo que los muertos callan con sus bocas muertas. Les adivina sus oscuras intenciones. Sabe que todavía pueden coger, acá y cuando quieran.
      En la muerte de una pequeña muerte bien muerta yace un orgasmo. Se abalanza un garzo supradimensional sobre la multitud. Muertos que sueñan lindo cosas feas, como el pitufo. Conforme a sus destinos aviesos, los muertos lloran hasta mojarlo todo.
      Es una lluvia de lágrimas con olor a muerto. Cae sobre el piso y lo agujerea. Es como una lluvia cargada de espermatozoides zombies que caen sobre la boca o los culos de las personas. La lluvia no razona. Los muertos tampoco. Así se ven las cosas cuando uno está al reparo.

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