domingo, 1 de febrero de 2015

Día 259: Viaje en el tiempo

      El guerrero afilaba su espada por enésima vez. A veces cree tenerlo cerca a su perseguidor. Ve una sombra en la oscuridad y siente que el final se avecina. Un viejo lobo en busca del abrigo que da el fuego, eso nada más. En otras ocasiones sabe que está lejos, el perseguidor le da unos kilómetros de ventaja. Aún sabe que no puede escapar. Una confrontación es inminente, tarde o temprano. 
      Le gustaría destriparlo ahora mismo. Comería su corazón. Luego haría una ofrenda al dios de la guerra, ese que ahora mismo lo protegía de las inclemencias de un tiempo atroz para el escape. Por la noche los argumentos se confunden, el perseguidor se siente perseguido, el guerrero da vueltas en círculo.
      Ambos hermanos en armas dejaron atrás las ruinas de una poderosa ciudad. Luego sus almas se enturbiaron, una discusión por un botín perdido y la animosidad promovida por un mago oscuro hizo el resto. Algún día uno de ellos moriría por la mano del otro. El momento todavía no llegaba.
      El guerrero posterga el encuentro, todavía queda un residuo de cariño que corre por su torrente sanguíneo. Alberga cierta esperanza de alejarse del radio de influencia del mago. Un lugar en donde la magia no promueva la muerte.
      Caminan por todo el mundo conocido. El guerrero adopta diferentes disfraces para eludir lo inevitable. En un camino decide parar. El hombre reconoce la derrota. Ha recibido una estocada en la mente. El guerrero se siente vencido. La esperanza ha muerto. No hay salida.
      El perseguidor acorta la distancia, ahora lo ve, está a unos metros. Se acerca con sigilo. Va a clavar la espada. Pero solo se encuentra con un recipiente vacío. El cadáver lleva años pudriéndose.  

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