lunes, 2 de febrero de 2015

Día 260: Llave maestra

      La combinatoria de los números se había agotado, la caja se abriría ante sus ojos. Un universo de joyas y diamantes, soñaba despierto el ladrón. Luego de forcejear unos minutos la puerta de la caja fuerte cedió. Vacío. Todo vacío.
      El hijo de puta se llevó todo. Ahora estaba atrapado. Buscó por todas partes algo de valor, pero solo encontró estantes vacíos. Un ruido metálico reverberó en la sala cuando sacó las manos de la caja. En la búsqueda frenética dejó caer algo. La linterna le ayudó a encontrar la fuente del ruido. Una llave negra. Un souvenir de la derrota. Ojalá todos los robos fallidos vinieran con tales recuerdos. 
      La dejó guardada en su llavero, con el resto de las llaves, como para no llamar la atención. Un pedazo de metal con muescas, ¿qué mierda era todo eso? Esa noche se prometió que dejaría de robar. Nada de trabajos riesgosos. Pondría en orden su vida. Llamaría a la madre de sus hijos y le diría que está dispuesto a cambiar. Un buen trabajo. Terminar la secundaria y quien sabe, quizás empezar la universidad. 
      El ladrón estaba tan excitado con sus pensamientos reformistas que olvidó colocar la llave correcta en la puerta de su casa. Había hecho girar por error la bendita llave negra a través de la cerradura. Dos giros y estaba dentro de su casa. Esto debe ser un error, pensó. A menos que... al diablo todo, una llave maestra. 
      La ciudad tendría que rendirse a sus pies. A la mierda el trabajo. Su vida volvía a tener sentido. Los primeros días se contentó con abrir puertas de casas al azar. No entraba. Solo las dejaba abiertas, como si fuese una especie de fantasma gnomo juguetón. La cosa funcionaba. Ahora tendría que pasar a la siguiente etapa. Tendría que ponerse serio. 
Serio significaba hurto masivo de propiedades antes que salga el sol. Acarreraría millones en muchas carretillas, también juguetes caros y esa clase de cosas. Dejaría todo abierto. Tal como un Papa Noel maníaco. Lo robaría todo. Todo.
      A veces no todas las puertas conducen al otro lado. Mejor dicho, a veces no sabemos qué se encuentra del otro lado. Puede ser un pasillo, un living o un perro sarnoso. En otras ocasiones es el aire, o el baño. Una puerta a la salida, o a la entrada. La última casa del vecindario estaba pintada de un verde chillón. Los dueños parecían dormir.
      Nada de perros sarnosos, la puerta tenía una ligera mancha roja. Era de caoba o una clase de madera similar. El ladrón atravesó el umbral y nunca volvió a ser visto. 

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