jueves, 5 de febrero de 2015

Día 263: Ensayo sobre la inmortalidad

      "Enraíza" le dijeron al árbol y así cumplió su mandato. Se la tomó muy en serio la palabra. Cinco años después la granja del viejo Joe estaba cubierta de esas malditas raíces. Trató de arrancar al bastardo, pero estaba demasiado afianzado a la tierra. El viejo Joe no quería saber nada con ese pino del demonio.
      La porquería, no contenta con llenar de raíces todo el huerto, se dedicaba en su tiempo libre a destruir el piso de la casa del viejo Joe. Cada tanto cortaba alguna que otra raíz. El pino se reproducía cada vez más rápido. Ese árbol se alimenta de mi sufrimiento, pensaba el viejo Joe.
      El pino no entendía el lenguaje de los humano. Tenía una lista de directivas bastante corta y estricta. Alimentarse, florecer, echar sus desperdicios y, ante todo, enraizar. Muchas raíces por acá, muchas raíces por allá, eso le aseguraría su supervivencia. Cuando era un pequeño arbusto había oído historias de viejos eucaliptos. Ellos no se cansaban de repetir: "la clave está en enraízar. De ese modo somos invencibles."
      Invencible. Esa palabra le generaba un escozor del bueno cada vez que la mencionaba. El pino deseaba la invencibilidad. Era la promesa que el dios sol otorgaba a sus críos, la posibilidad de vivir unos cuantos años en la opulencia antes de terminar sus días en alguna fogata o, para peor, eternizado en las hojas de algún best seller de autoayuda tipo Coelho. El díos sol es sabio, aunque a veces peque de maligno y malhumorado.
      Un potente herbicida vino al rescate de la granja del viejo Joe. El hombre regaba el patio con malicia. No tardaría mucho en secarse y morir. Luego tendría que llamar a Nigel para que limpie todo. Aunque Joe era un granjero laborioso, no en vano se había ganado el apodo de Viejo Joe. Su cadera no estaba preparada para tales embates.
      Funcionó poco y nada. El pino repelió el veneno como si fuese agua. Sus raíces eran a esta altura troncos sobre la tierra. Con cierta soberbia el pino aguardaba un nuevo ataque. Invencible. Esa palabra brotaba de sus hojas una vez más.
      Un tarro de nafta y una caja de fósforos. Mucho humo. Mucho fuego. Se vería desde la ciudad. Claro que sí. Ese sería el final. El viejo Joe estaba determinado a prender fuego la granja. Con el árbol adentro, por supuesto. 
      Antes de tal desenlace, la naturaleza hizo parte de su trabajo. Así como los árboles enraízan y viven, los seres humanos nacen y mueren. Y así le ocurrió al viejo Joe. Sí, eso fue lo que le ocurrió. Un final oscuro y aciago. El viejo Joe volvió a nacer.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...