viernes, 6 de febrero de 2015

Día 264: Etología del borracho (algoritmo beodo)

      El borracho es uno de los elementos más pintorescos de la fauna citadina. Su hábitat natural suele ser en lugares abiertos. Si bien suelen ser animales solitarios, por lo general son avistados en manadas de tres o cuatro personas. Es un hecho documentado a través de las observaciones que el comportamiento social del borracho varía de acuerdo a su agrupamiento.
      Los borrachos de tipo solitario tienden a ser nómadas. En algunas ocasiones hacen sitio en lugares habituales, por lo general cerca de las bocas de expendio de bebida. El ahorro de movimientos es vital en la vida del borracho. Pedir, gastar, tomar, volver a pedir son parte de sus principales costumbres. Es común encontrarlos dormidos en la vereda. En su estado de vigilia apelan a charlas incoherentes revestidas con tintes bíblicos.
      El borracho de manada es un fenómeno diferente y más interesante aún. Sus costumbres etílicas no varían del tipo solitario. Frecuentan las mismas clases de bebida, cerveza en botella de plástico y vino tinto de cartón con preferencia. Sin embargo, a diferencia del borracho solitario, las manadas suelen asentarse en lugares prefijados con anterioridad, lo cual nos habla acerca de la complejidad de sus ritos y de su tendencia a ser individuos en su defecto sedentarios. Sus reuniones no varían en contenido a la que se podría encontrar en un juego de bridge de señoras de alta alcurnia. Hay chismes de cotillón, resultados deportivos varios y charlas sobre hazañas de tipo sexual varias.
      Los lugares elegidos por las manadas, como hemos explicado con anterioridad, son de preferencia espacios abiertos, al igual que el borracho solitario. De acuerdo a diversos estudios de universidades finlandesas y noruegas, los lugares de preferencia son los bares pequeños y las plazas.
      Un cuadro de color se suscita en los márgenes de una plaza. Los investigadores de todo el mundo se han acercado para tomar nota de las costumbres de asentamiento de una manada. Consumen más que nada cerveza y uno de ellos fuma un cigarrillo. Se resguardan bajo la sombra de unos árboles, mientras charlan con tranquilidad. 
      Se prevén obras en las inmediaciones del lugar. Los empleados del gobierno han traído máquinas para empezar el proceso de demolición y reconstrucción. Talarán árboles, luego colocarán nuevas luminarias y un gran camino de cemento será colocado para que las personas puedan realizar ejercicios.
      Los borrachos miran de reojo la escena. Conforme pasan los días, crecen las suspicacias. Uno de ellos alerta al grupo (conformado por cinco integrantes) de la situación. Hace unas señas en su idioma de borracho. Los investigadores presencian un hecho inédito. Con sus cámaras documentan lo que luego sería llamado por las universidades del mundo anglosajón como la primera migración de borrachos.
      Los individuos se paran cada uno, con cierta dificultad, mayor o menor, de acuerdo a su grado de consumo etílico y caminan un par de metros hasta en frente de la calle. Su nuevo asentamiento se encuentra enfrente de la plaza en construcción. Gracias al instinto de supervivencia la manada de borracho ha conservado su espacio y, a pesar de haber perdido la sombra del árbol, han logrado achicar las distancias con el kiosko más próximo. 

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