martes, 10 de febrero de 2015

Día 268: El misántropo honesto

      La vieja conchuda voló por la ventana del micro. La ecuación era fácil, para desactivar una bomba de dos componentes hay que erradicar o inutilizar una de las partes, y así es como el efecto del explosivo queda anulado. Si hacemos esa trasposición a lo que podemos llamar cotorreo, parloteo o charla de ocasión sin sentido aparente, la fórmula se aplicaría cuando la cabeza de la vieja conchuda atraviesa la ventana y cae conta el pavimento. Ese silencio era mejor.
      Así es Charlie. Charlie odia muchas cosas, pero más que nada, odia a los seres humanos. Detesta la hipocresía del género humano. Tampoco le gusta demasiado que seamos soberbios ególatras iconoclastas contradictorios narcisistas pedantes idiotas molestas extrañas cancheras resueltas superficiales personas. A diferencia del común misántropo, que en algún momento de su existencia hace las paces con la humanidad, Charlie prefiere odiar sin filtro y así lo expresa, de modo tan abierto como puede.
      No le importa mucho que lo tilden de criminal neonazi hijo de puta resentido trolo vendepatria misógino comegatos grosero obsceno. En verdad no le importa nada que pueda venir de una persona. Respeta más a los animales porque no hablan. Lo único que quiere en esta vida es morir en su sinceridad. Así fue como cansado de una charla agobiante entre dos personas de cierta edad, Charlie arremetió contra una anciana y la estampó contra la ventana como si fuese un mosquito. 
      Charlie maldice, porque tuvo que salir a la calle. Tiene que vivir en la ciudad aunque no quiera. A veces hace lo que necesita todo ser vivo: conseguir alimento y esas cosas. Después de salir a la calle y putear a medio mundo como loco, Charlie se recluye en su casa, en donde vive con su madre.
      La mamá de Charlie ya no oye tanto. Está vieja, Charlie le tiene lástima, a veces desearía matarla, pero no se anima. Es una falta de carácter, se dice Charlie. Sabe que un día va a estar preparado para sacarle todo el sufrimiento. La voy a exprimir, como una naranja, eso se merece. 
      De acuerdo a Charlie el mundo se divide en gente hija de puta y gente muy hija de puta. La gente hija de puta a veces es hija de puta sin querer y aunque merezca la compasión de algunos, a Charlie no le hacen la menor gracia. En cambio, la gente muy hija de puta le saca de las casillas. Sabe que tiene que andar con cuidado, porque a la policía no le gustan los asesinos. Los encierran y los tratan mal. Como si matar fuese algo malo, se rie Charlie. 
      Por las noches Charlie sueña. En sus sueños existe un mundo vacío, sin personas. Solo Charlie y la nada. Es un campo tan amplio como un desierto. El pasto es verde fluorescente. Está lleno de vacas que rumian su comida, mientras algunas ovejas también pastan. En ese mundo Charlie es feliz. No hay madres, no hay gente muy hija de puta, no hay viejas conchudas, no hay policías, ni siquiera niños. Ese mundo es todo pasto verde fluorescente. Charlie sabe que en sus sueños tampoco importan las opiniones ajenas, nadie se inmiscuye en sus asuntos, porque están todos muertos, todos desvanecidos de la faz de la existencia. Un agujero negro cómplice de su odio los tragó a todos por siempre.

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