miércoles, 11 de febrero de 2015

Día 269: La cuarta noche

      Libre del problema. Lo mejor ya pasó. Solo resta una pátina gris que empaña cada recuerdo, cada memoria. Es en parte una especie de desahogo. Un grito apagado por la oscuridad. Antes había botones. Muchos botones. Debían ser presionados para que las cosas funcionasen. 
      Luego sobrevino la debacle y los botones, como el resto de las cosas, dejaron de funcionar. Ahora la humanidad era una tábula rasa que brega por un nuevo inicio. El guiño invisible de alguna clase de divinidad había favorecido a unos pocos afortunados. La mayor parte de los supervivientes estaban viejos o enfermos. Luego quedaron unos pocos niños y un acotado grupo de gente con capacidad de procrear o dejarse procrear. 
      Para ser exactos, eran ocho jóvenes atiborrados de esperma en sus testículos y tres mujeres con el útero sano, en apariencia. Bueno, dos. La tercera mujer era la incógnita. El recuerdo de una sociedad diferente, luego de años de lucha, que había logrado sacar a esta persona del lugar maldito del paria, estaba acabado. Acabado. Ahora había que sobrevivir.
      Los hombres murmuraban cosas entre sí. Necesitaban la cópula cuanto antes. Ya no había tecnología para rescatar, solo cables y circuitos chamuscados. Es esa chica, es diferente. Los hombres hacían gestos obscenos con sus manos. ¿Le gustan otras chicas, verdad? Verdad.
      Ya no vivimos del civismo, si no quiere replantearse su lugar en este nuevo mundo, va a tener que cooperar a la fuerza. Así rodearon a la chica, que no cedía a las razones de los hombres. La cosa tiene que acabar. No, no tiene por qué acabar, tenemos el poder en nuestras manos. Ese era el argumento. 
      La forzaron, cada uno de los hombres le introdujo su cosa entre las piernas. Aquella noche la chica no durmió. Y la noche que siguió tampoco. A la tercera noche durmió veinte horas seguidas. Cuando despertó ya asomaba una nueva noche. La cuarta.
      Todos dormían. Dicen las películas que los hechos más asombrosos casi siempre están mermados por las dificultades. A veces la realidad es distinta. En muchas ocasiones la cosa es mucho más fácil de lo que uno puede esperar. Sencillo aunque complejo. Así fue como degolló a cada uno de los hombres, uno tras otro. El vidrio atravesaba la carótida con facilidad. Fue en el silencio de la noche, un silencio cómplice. 
      Luego las tres mujeres vagaron por el desierto. Encontraron más personas. La sociedad estaba lejos, lejos, ya desaparecida en lontananza. Nada borra el recuerdo de una mala noche. A veces piensan que todo puede ser diferente, mas otros momentos puede ser lo mismo. La secuencia del Creador está velada a los designios de la especie.

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