viernes, 13 de febrero de 2015

Día 271: Muerte y vida de Ricardo

       A veces ciertas ideas salen del cerebro con forceps. El aparato las rasguña, es común que a veces salgan malheridas, en forma de cuestionamientos poco creibles o parecido a un divague. Es natural tener muchas ideas, así es el cerebro. Sino miren a tipos como Edison, que no pueden estar un segundo en el baño sin tener una idea para algo nuevo.
      
Todo hombre, aunque sea el ser más insignificante de la galaxia, tiene aunque sea una idea durante su paso por la Tierra. Salvo a Ricardo. A Ricardo nunca le pasó nada en la vida. Es un cero a la izquierda de otro cero, que a su vez está sumergido en un océano de ceros repletos de cero. Su vida equivale a la misma nada.

      
Las personas que se tropiezan con Ricardo suelen colocarle un espejo frente a su cara. Es para comprobar si respira. Dicen que una vez estuvieron a punto de enterrarlo vivo. Nadie notaba la diferencia entre un muerto y Ricardo. Bueno, sí, existía. A veces los muertos suelen despedir gases o generar movimientos involuntarios antes de esbozar el famoso rigor mortis. Ricardo no hacía nada.
       Por conveniencia dejó de vivir con su madre. Quiso volar lejos del nido, pero sus alas tropezaron con un monoambiente decorado de cucarachas a un par de cuadras de la casa de mamá. Así es Ricardo. En su vida no existen las casualidades. Todo es una secuencia cronológica de hechos ordenados de menor a mayor conforme los granos del reloj de arena van cayendo, uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro, y así hasta que todos los granos de arena quedan en la parte de abajo. La parte de arriba del reloj de arena queda vacía. Algo parecido a Ricardo. Ricardo era la parte de arriba del reloj de arena.
       Cuando estaba por cumplir los cincuenta años Ricardo tuvo algo parecido a una idea. Fue como un impulso eléctrico. Pequeño. Como la patadita que dan las baterías de 9V cuando se lamen los polos con la lengua. Pensó que sería agradable organizar una fiesta para su cumpleaños. Algo íntimo. Pero después desistió. Era demasiado trabajo. Además nada iba a cambiar. Todo igual. Foja cero.
       Ya de viejo dejó de hablar. Ricardo opinaba que las palabras no servían para nada, así como el resto de las cosas. Un día, a unos meses de su cumpleaños numero 72, Ricardo recibió un regalo por anticipado de parte de su corazón. Quedó duro sobre la mesa.
       Lo llevaron a la morgue. Dicen que nunca habían visto un cadáver tan tranquilo. Incluso parece vivo. Ricardo estaba más muerto que el rock sinfónico. Pero los de la morgue estaban convencidos. Ese hombre está vivo.
       Así fue como devolvieron al cuerpo de Ricardo a su casa. Lo colocaron sobre la misma silla en la que murió. Los empleados de la morgue lo despidieron y creyeron que el muerto les devolvió el saludo. Esa noche ocurrió una gran fiesta en casa de Ricardo. Nadie sabe quién la organizó. Dicen que el cadáver hizo el amor con dos chicas a la vez. Una de ella estaría embarazada.

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