martes, 17 de febrero de 2015

Día 275: Recetas light para extinguir un planeta

      El mar es obvio. Va y viene con su marea. Así la luna comete sus fechorías. La luna no es tan obvia, tiene un costado oscuro, en donde nadie paga la luz. Por eso está todo oscuro. En el lado brillante de la luna no necesitan pagar la luz, reciben de regalo los rayos gammas del sol y otras de las tantas porquerías que emite esa estrella metida de prepo dentro de nuestro sistema galáctico.
      Lo del sol es una casualidad. También a la Tierra le regala un poco de luz. El sol no cobra sus cuentas, no es EDELAP o EDESUR. El sol quiere ser caritativo aunque no reciba nada a cambio, a pesar de ser un viejo taimado que atraviesa la crisis de la mediana edad.
      Mientras tanto, en la Tierra, los seres humanos son obvios. No esconden debajo del tapete lo mucho que les gusta matar a lo que venga, sea escuerzo, humano o pitufo. Aprendieron a usar las manos porque la evolución quiso que tomaran cosas para agujerear, cortar o cercenar la carne ajena. Así fue como la vida se le hizo más fácil a la humanidad.
      Luego, mucho tiempo después, vinieron las cuentas. Esas que hay que pagar una vez al mes para que no te corten el servicio. Es para administrar la demanda, suelen decir los burócratas. Así les hicieron creer, a lo largo de unos cuantos años, que las personas para vivir necesitan más cosas de las que pueden imaginar, sea un baño con limpiaculos automático o un artilugio mágico para dejar la ropa sin pliegues.
      Los terremotos no son obvios. Llegan a la fiesta sin avisar y rompen todo. Son el síntoma del caos que a veces reina y en muchas ocasiones es. Una vez estuve en un terremoto, ocurrió a unos mil kilómetros de donde vivo. No sentí nada. El terremoto, cuando es fuerte, llega a ciertas áreas, y el resto del universo permanece sin enterarse. Salvo que tengas un planeta con cable, o algo parecido. 
      Los meteoritos son obvios en ciertas situaciones. De vez en cuando actúan como los terremotos, caen sobre un lugar y levantan el polvo, como para reordenar o desordenar las cosas. No le gusta competir con las fuerzas de la naturaleza, por eso aparece cada tanto. Es una cosa solitaria que le gusta volar por el universo como se le da la regalada gana. 
      Existen momentos, aunque no siempre, en que todo se reúne bajo una misma habitación (simbólica) para hacer pedazos al mismo objetivo. Cuando la intención es destrozar un planeta eso se llama extinción, porque por lo general no suele quedar nada, salvo polvo y un par de cucarachas. En el lenguaje de las cucarachas, extraño por cierto, no existe un equivalente a la palabra extinción. 

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