jueves, 19 de febrero de 2015

Día 277: El hombre mariposa

      Un hombre al costado del camino revisa sus porosidades y dice: "estoy poroso". Tiene un aire confidente, como de espera inevitable. Alguien le comento que se venía la noche. Se viene su noche. Es un plan secreto. Nadie tenía por qué saber lo que pasaría.
      Ese espíritu tiene un problema. Le vendieron un alma fallada, de outlet. No hay devolución. La casa gana. En las grietas, en los surcos, hay muchos poros, poros por doquier. Así es como descubrió, un día cualquiera, que podía respirar de un modo diferente.
      Luego la idea. Evolucionar. Esa es la mentira que el hombre se cuenta a sus propios oídos. El hombre ya perdió la habilidad del sustantivo propio. Es una persona despojada del nombre. Una figura con forma de humano, recortada de manera desprolija. Evolucionar, ese es el mandato. 
      El hombre toma los prismáticos para cerciorarse que no está siendo seguido. Es un fugitivo de la ley y lo sabe. En ciertos estados no toleran a lo diferente y mucho menos si eso diferente está involucrado en algo tan feo como un asesinato. Yo no lo maté, fueron los poros. A decir verdad fueron esas espinitas que salían de los poros, algo así como una aguja hipodérmica cargada de veneno como para elefantes gordos. 
      En algún momento existió la esperanza. Algún día la porosidad cedería. Volvería a ser visto como algo que no llama la atención. Anónimo. Inexistente. Superfluo. Y el tiempo se deslizó bajo una cuna negra, semilla del incierto. Los poros se agrandaron y cubrieron toda su espalda. 
      Luego creció algo pequeño. Dos algos. Tomaron forma. Crecieron. Alas violetas se desplegaban sobre sus ojos. Batieron una, dos, tres veces al viento y despegó. En su vuelo adivinó el destino de un recorrido incierto. Evolucionar. Sobre la superficie. Respirar. 

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