viernes, 20 de febrero de 2015

Día 278: Día 278

       Día 278. Las paredes se cierran cada vez más. El mundo es horrible. Debería haber empezado algo así como: "Querido diario, hoy fue el mejor día de mi vida", pero no. No es así. Por cierto, tengo un perro nuevo. Es feo. Feo como la gran puta. Ni siquiera sé para qué lo tengo.
       Anoche sentí ruidos en el fondo de mi casa. El estúpido había agarrado una rata. Esas que tienen cola larga y pueden transmitir enfermedades. Hay muchas cosas que tienen cola larga y pueden transmitir enfermedades, los políticos, por ejemplo.
       Tengo pensado iniciar una huelga de hambre. Cuando me esté por morir, voy a dejar mi cuerpo cerca del banco. Quiero hacer una última buena acción. Trataré de llevarle un buen susto a algún que otro jubilado. Quien sabe, capaz que del miedo se cagan muriendo. No estaría mal.
       A veces creo que debo internarme. Le reconozco algo al ignorante de mi abuelo. Me crió como mejor pudo después de la muerte de papá. Pero no deja de ser lo que es: un idiota ignorante. El abuelo me decía que estaba loco y que si mi padre viviera, sería una desgracia para él. Menudo imbécil resultó ser el abuelo. Por suerte está muerto. Ya no jode más.
       Igual no podría, amo demasiado la luz del día como para sentenciarme a la noche eterna del loquero. Soy feliz a mi modo. Mi manera rota de ver las cosas. No soy el mejor nadador, pero me acostumbro a vivir con estos muñones que me dejaron los años. Deforme, esa es la idea. Algo en mi cerebro no está bien.
       O quizás esté demasiado bien. Tal vez los demás están mal, y yo estoy bien. Es una posibilidad. Todavía no la debería abortar. 278 días sin accidentes. Así debería decir el cartel a la entrada de mi casa.
       278 días atrás si hubo uno. Y de los grandes. De esos que haría parecer a Chernobyl una caquita. Caminé por kilómetros y no encontré nada, salvo un poco de comida para vivir, y un cuaderno con dos lapiceras, una roja y otra verde.
       Lo que pasó no me volvió así como soy. Yo era como soy de antes que ocurriera todo. Hace 279 días era igual que hoy. Y mañana va a ser igual que ahora. Las cosas para mi no cambian. Salvo lo que encuentro a mi alrededor. Muchas personas que conocía de antaño ahora son cadáveres. Cuando extraño a las personas voy a visitar sus cuerpos. Todavía están donde los dejaron. Tirados por ahí.
       Pero no me ocurre seguido eso de extrañar. Así solo soy mejor. Siempre lo fui. Creo que si existe algo parecido a Dios, este debe de haber sido su premio para mí, por ser un buen chico. Es como una palmadita en el culo de gratificación. Estoy seguro que se debe tratar de algo así.
       Cuando estoy enojado escribo con la lapicera verde. Hoy estoy en paz, así que estas palabras las escribo con tinta roja. Como la sangre. Como la vida. Tengo un perro nuevo, no sé si ya lo dije. Es feo. Creo que alguna explosión le debe haber agarrado la cara. No entiendo cómo sobrevivió la porquería a este pequeño fin del mundo. Tampoco entiendo por qué sobreviví. Debo de ser importante para el próximo plan del Creador. Me va a tener en cuenta, seguro. Hay tanto por hacer. Ya no puedo esperar.
       De acuerdo a mis cálculos falta poco para que lleguen. Lo acepto, no soy bueno en esas cosas de sumar y restar. Con suerte terminé el primario. Igual es más un sentimiento. El radio del desastre fue amplio mas no total. Van a venir, de a poco. Se congregarán a la puerta de mi casa a pedirme ayuda. Como si fuese un rey benévolo. El día 197 escribí algo así como que el mundo iba a cambiar. Hoy, día 278, me desdigo, el mundo no cambió. Nunca cambió. De hecho siempre fue el mismo. Lo que pasa es que no nos deja conocerlo. El mundo es un bastardo anónimo de mil caras. Le salen tentáculos de la superficie, le gusta sorprendernos. Bueno, ahora le gusta sorprenderme a mí solo. Van a venir. Seguro. 

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