martes, 24 de febrero de 2015

Día 282: Invisible

      El guardia de seguridad oprimió el botón y así McLean conoció la luz del día. Por buena conducta le habían acortado la sentencia. Ahora era un ex-convicto, con todo lo que significaba ese apelativo. Los policías te iban a seguir mirando feo, pero no harían nada. Solo la mirada. Una advertencia. No vuelvas a meter la pata, McLean. Ese era el mensaje. 
      Buscar a mamá. Ese era el punto número uno en su lista. Mamá era el nombre clave de su proveedor de armas. Un buen calibre para abrir billeteras y el camino a la redención. La última vez lo agarraron por estúpido, pero ahora tomaría sus recaudos. Nada de robos en la misma zona. Controlar los horarios. Prestar atención a lo que se ve. No dejarse llevar por el arrebato del momento.
      Agitar el contenido. Vertir en el recipiente. Horno moderado a treinta minutos. Esas eran las instrucciones. Tan difícil no era configurar un bizcochuelo. Una torta y un arma, ¿qué podría salir mal?
      McLean volvía a ser un sujeto útil a la sociedad. Desempeñaba su papel, como un buen actor. Era lo que esperaban de él. Luego vendría el tiempo de pagar las cuentas. Para eso estaba la cárcel. Uno podía entrar o salir, siempre estaba la invitación abierta. Esa eran las ventajas del sistema. Nadie esperaba que se fuera a portar bien. De hecho alentaban su mala conducta. Las cárceles necesitaban personas. Tanto como las mismas personas.
      Pero McLean aprendió a leer y, cosa penosa, se volvió más inteligente. Entendió un poco de qué iba el asunto, de lo que esperaban de él y todo. Así que dejó todo a medias, como para tener una coartada, por si acaso. Luego, el dinero caería, de algún u otro modo. 
      ¿Debería preocuparse? ¿cuál era la excusa? No estaba haciendo nada. Todas las tardes se paraba junto al banco con una pistola en la mano. ¿Se veía peligroso? Claro que sí. Pero no hacía nada. Solo se paraba. Una amenaza silente, inconstatable. 
      Entre la nada y lo mucho, así se hallaba McLean. Daría el gran golpe y nadie se enteraría. Nadie voltearía el rosto. Todo ocurriría en un instante. A fin de cuentas, ya sabía que era invisible del vamos.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...