jueves, 26 de febrero de 2015

Día 284: El planeta de los caninos

      Una pera. Es todo lo que quedó en la heladera. Nada de Mayonesa. Ni siquiera una puta cubetera. Se había llevado todo. Bueno, casi. La pera no le gustaba. Claro que si tuviera la posibilidad de manejar un auto se cargaba la heladera entera.
      El perro se dio a la fuga. No fueron los malos tratos. Más bien se trató de un ansia de libertad que abrigó desde cachorro. Un salto inusual en la evolución, podría llamarlo Darwin. El perro tenía más cosa de lobo que cualquier pariente de su especie.
      En realidad parecía más humano que otra cosa. Ya desde pequeño aprendió a caminar sobre dos patas. También hacía sus necesidades en el inodoro. Incluso tiraba de la cadena. Así que la sorpresa de la fuga y la heladera vacía no tomó por sorpresa a su antiguo dueño, el cuál atestigua qué tan inteligente era su Lee Harvey Oswald.
      Pobre criatura. Solo en la ruta, desamparado y con un nombre a cuestas tan llamativo. A diferencia de su tocayo, a Lee Harvey Oswald no solía involucrarse en asesinatos de presidentes. Le gustaban las cosas simples, como salir a pasear recién salido el sol o mear algún que otro árbol. Su verdadera pasión, salvo las peras, era la comida. 
      Así fue, por la comida, que Lee Harvey Oswald empezó a adoptar conductas extrañas para un perro. Pasaba horas sentado frente a la televisión. Así aprendió el lenguaje de los humanos. También asimiló la escritura. Cuando todos dormían, Lee Harvey Oswald pasaba noches en vela moviendo con su hocico las hojas de sus libros preferidos.
      Sus ideas acerca de la sociedad se complejizaron a medida que recibía información. Fue en ese entonces cuando urdió su plan de huída. El perro tomó una mochila y se la colocó sobre la espalda. Con esos alimentos sobreviviría una semana y media, de acuerdo a sus cálculos. También metió un par de libros para leer en el camino.
      Algunos compañeros se sumaron. El adoctrinamiento fue lento, si se considera las desventajas de aprendizaje que tienen los perros. La mayoría logró entender el concepto principal. Libertad y verdadera democracia por sobre la humanocracia o androcracia, como le gustaba llamarla Lee Harvey Oswald. Dentro de una semana tomarían por asalto una ciudad. Agarrarían a los humanos desprevenidos. Exigirían una reforma en la constitución y la libertad de todos los compañeros encerrados en perreras municipales. Lee Harvey Oswald soñaba despierto, la verdadera lucha acababa de empezar.

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