sábado, 28 de febrero de 2015

Día 286: La escopeta sobre el armario

      Mollock despertó a la mañana con un miedo irracional a las personas. Es esa cosa inesperada del ser humano. Las conductas desprovistas de pensamiento. En realidad nadie quiso o pudo advertir que había enloquecido. Debería haberse dado cuenta en el momento que levantó la tapa del inodoro para buscar los rastros de un pitufo verde y psicópata.
      La sombra narcisista del pasado se elevaba sobre la cabeza de Mollock, inerte como una prostituta con el agujero sellado. Es esto lo que quiero, es esto lo que quiero, repetía con gesto mecánico frente al espejo. Ensayó una sonrisa torcida. La calle sería un horno.
      La mar de carne, con todos sus cuerpos agitándose al son de las olas. Racimos de personas caerían por doquier. Las perspectivas de un día agitado no lo entusiasmaba a Mollock. Abdicaré, aunque no sé cómo, pensaba.
      Para eso tendría que sacarse el lastre de su ex esposa y, qué diablos, de la sociedad entera. Su modo de ver las cosas había cambiado, aunque eso lo culpaba a los años. Envejecer es el acto más vil que nos depara la creación, esa era la idea de Mollock y en verdad lo creía.
      A veces Mollock soñaba con cambiarse el apellido, mudarse del barrio, iniciar una nueva vida. Moloch, así se llamaría, como el dios fenicio. A Moloch le importaría todo un reverendo carajo. Esa es la actitud. Claro, esos eran sus planes antes de enloquecer y buscar cosas verdes dentro del inodoro.
      En verdad le entusiasmaba la similitud entre su apellido y el dios fenicio. Mollock creía que era a propósito, una de las tantas bromas de su creador. Algún día me lo voy a cruzar en la calle y me va a tener que dar un par de explicaciones. Era su esperanza. Nunca ocurrió. De hecho, el creador de Mollock se había tomado unas largas vacaciones como hasta el siglo XXV. 
      Un sobre lacrado lo esperaba en la mesa de su oficina. El mensaje decía: "Sé quien soy". Nada más. El miedo irracional a las personas volvió a asaltar a Mollock. No compartiría con nadie el secreto. Ésto es obra de Moloch. Está en otro plano dimensional, velando por mi seguridad. Moloch no quiere que me haga daño. Por eso me da fuerzas para acabar con todo de una buena vez. Abdicaré, todavía no sé cómo, aunque estoy seguro que va a ser una salida con bastante estilo.

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