martes, 31 de marzo de 2015

Día 317: Figura circular

      Pagar por el sueño contenido en un reloj de arena. Un enorme instante de nada, abrigado por las dudas en una noche calurosa. A la intemperie mueren los corazones color ceniza.
      Brilla opaco sobre el mueble. Es un viejo esquinero. Lo compraron en una subasta. Debajo, por el piso, se arrastra el litigio de lo aberrante. Un apoyo para el que no lo tiene. Una pata para el manco de alma.
      Sismo perfecto. Revolcón jugoso. Las paredes hacen el amor con sus sombras y así configuran el resto de los días por quedar. En el amor de una duda que insiste y demarca.
      La señalización que conduce al caos. De lo inalienable y su imperfección. Una tuerca que hace juego. El ruido, la grieta. En el agujero donde reposa el tornillo sin nombre. Anónimo desvelado. Por lo menos un sedicioso de la palabra. Un órgano desaparecido del cuerpo. Almas sin trasplante. Plantas apagadas. Sin regar.
      Agua de la vida cae a chorros sobre las montañas. El ritmo de lo natural no espera ni empuja. Maneja sin coaccionar. Muestra sin mirar. Y ante todo despierta. Es en el letargo su opuesto. La figura monumental de la vigilia. El pensamiento luminoso.
      La bola de cristal turbia se congela. Depara los sueños abiertos de quienes la contemplan. Esas personas caminan y toman el camino del medio. No aminoran la marcha. Solo siguen, como si no supieran hacer otra cosa. Lo adelante. Lo no-atrás. Ante el miedo, desprevenido, de mirar. De encontrar. Una misma figura circular.

lunes, 30 de marzo de 2015

Día 316: Galactus

      Es mucho o demasiado. Lo que piden los estúpidos para derretir el sol con un pedazo de hielo. Por que alaban un planeta que ya mataron hace mucho tiempo. Desolaron una galaxia hace un tiempo atrás. No es cosa difícil cuando se cuenta con las herramientas necesarias para tal labor.
      La fantasía es encontrar el monto asegurado para llenar las cuotas de destrucción que pide la plana mayor. Pero nunca ocurre. Hay muchos planetas estúpidos. Apagados por las sombras de los imbéciles que lo llenan con sus idioteces.
      El negocio de los destructores de planeta está en baja. Cada vez quedan menos artesanos, esos que explotan estrellas como globos con métodos manuales. Vieja escuela. Ahora los lásers termonucleares abreviaban todo el trabajo. Solo se trataba de un estúpido al mando de un botón, por lo general colorado. Una minucia.
      Después estaban los coleccionistas. Los buscadores de tesoros galácticos. Un poco de polvo de tal planeta, una roca de tal satélite. Ellos viven en una nostalgia planetaria. Anhelos de las cosas que fueron y nunca más serán. Luego lo destrozan todo, como los demás. Pero con lástima.
      A veces el cruce de escuelas es inevitable. Cada tanto las naves suelen atravesar los mismos cuadrantes. El universo es más pequeño de lo que parece. Por fortuna los destructores de galaxias resuelven sus problemas de forma civilizada.
      Los destructores presentan sus armas. El duelo dura apenas unos segundos. A veces terminan todas las tripulaciones muertas. Son los riesgos de la profesión. Un aria se erige entre el silencio del universo negro. Nadie da cuenta de las cosas que ocurren. A veces es una pequeña luz. Y así es como todo se esfuma. Una vez más. 

domingo, 29 de marzo de 2015

Día 315: Ojos

      Solo pensaba en córneas. Y no es porque fuera oftalmólogo. Es solo por lo que se ve. O lo que deja ver. Tampoco tenía porqué ser una obsesión. En realidad era un gusto adquirido. Un pequeño placer.
      La disección era posterior al orgasmo. El verdadero clímax ocurría cuando arrancaba el ojo. Metía la cuchara con precisión. Luego hacía un par de movimientos precisos como para cortar el nervio óptico. Después de eso, el ojo salía fácil de la cuenca.
      Las personas pensaban que se trataba de un juego. En realidad a nadie le decía del vamos lo que iba a hacer. Jugueteaba con la cuchara, como si fuese un heladero maníaco. Un juego sexual. De los depravaditos. Así los convencía.
      Por lo general tenía que sedarlos un poco. El sexo entre hombres suele ser más duro y violento. Ante cualquier cosa extraña, tendría más resistencia de lo esperado con una mujer. En algunas ocasiones la persona se lo pedía. Eran los más raros. Pequeños masoquistas. De los de verdad.
      Cuando iba a mayores el asunto podía permitirse una tajada más importante. Tal vez un riñón, ¿quién sabe? Lo que importa es la sangre, que pueda correr bien a través de la piel. 
Estaba esa necesidad de cortarlo todo en pedacitos. Sobre todo las córneas. El ojo. El ojo. Todo lo ve. Hay que permanecer oculto. Cegar a Polifemo. Infinidad de veces. En las sombras ser nadie para quien quisiera. 
      En la esquina de la habitación tiene una cajita color rubí. Allí guarda los tesoros. Cada vez que la cuchara escarba. Cada hombre cegado. Momentos que reposan en un pequeño arcón pintado. Una montaña de ojos aguarda encerrada. Millones de miradas extraviadas, alejadas de su naturaleza. Ver para lo que siente. Y siente para lo que ve.  

sábado, 28 de marzo de 2015

Día 314: Es por la caca

      Los panes y la levadura. Los panes y la levadura. El horno rebosaba con la masa de los futuros panes. Leva la flautita. Leva el miñón. El panadero está en su salsa. Y le gusta. A la mañana vienen los primeros clientes. Los que llevan las facturas para el mate. Luego, a eso de las diez empiezan a caer los reservados de los calentitos.
      Sus favoritos son los compradores agradecidos. Esos que te dicen, pero qué rico pan. Esos hacen su día. Porque hacer pan es una alegría. Luego de una selección de los mejores elementos. Hornear la porquería. Nada más gratificante. Y cada tanto, esos elementos especiales.
      Es un poquito. Nada para levantar la perdiz. Este pan tiene un gusto un poco más salado. Me gustó. ¿cuál es su secreto? ¿es la levadura? Los panes y la levadura. A veces les gustaría gritarles en la cara, con una sonrisa afable, ¡ES POR LA CACA! ¡LE PUSE UN PEDAZO DE MIERDA ENTRE LA MASA!
      Y así fue. A este panadero le gustaba cada tanto colocar un trocito de caca entre los panes. Como para darle ese sabor tan especial de fábrica. Los viernes meaba las facturas, pero eso ya era una historia diferente. La caca en el pan era como su marca registrada.
      Pero qué rico pan, qué le pone. Caca. Caca. Solo caca con harina y levadura. Parece pan de salvado, por lo marroncito. Por suerte los de bromatología no jodían. Cada tanto venían a inspeccionar el local. Él se aseguraba en persona que el local se encuentre en óptimas condiciones. Nadie sospechaba de sus experimentos culinarios.
      Además el horno quema todos los bichos. Nada más sano que lo que sale de las propias entrañas de un panadero. El amor es lo que nace de adentro, así dicen. 

viernes, 27 de marzo de 2015

Día 313: Fitzcarraldo

      El negocio de los piratas está en baja desde mediado del siglo XIX. Ya está escrito en los sagrados testamentos del pastafarismo. El incremento del efecto invernadero está relacionado con esta falta de bucaneros de alta mar. 
      Con esa idea por la cabeza andaba Ricardo antes de comprarse una lancha con motor fuera de borda. Bautizó a su embarcación con una botella de sidra que guardaba en la heladera desde hace un par de navidades. Así fue como "Pequeño lorito" zarpó de las costas de la laguna de Chascomús. 
      Ante las complicaciones se refugiaría en un camping. Invierno no era bueno para la actividad. Los pescadores solían dejar sus billeteras en el muelle, junto a sus señoras, sus suegras y sus hijos. Así que el único rédito económico del rondín del pirata Ricardo era los pescados. 
      El pejerrey se volvió su moneda de cambio. El negocio no prosperaba. Y el "Pequeño lorito" necesitaba nafta, como cualquier cacharro marítimo.
      Poco a poco el barco pirata se volvió una lancha mercante. Robaba pescado y lo vendía. A buen precio, por supuesto. Para Ricardo, un buen negocio, de los prósperos, necesitaba el contacto con el mar. Más o menos unos cien kilómetros de obras hidráulicas.
      Ricardo tenía todos los planos para iniciar su proyecto. Para no caer en un acto de originalidad lo llamaría el canal Ricardo. 
      Las ideas tarde o temprano caen bajo el propio peso de su irrealidad. Así ocurrió con su proyecto hidráulico. Los pueblos no tardaron en aparecer. Las personas contratadas para el trabajo tampoco tardaron en pedir su paga. Y los organismos licitadores tampoco tardaron en poner sus peros. Bueno, no, en realidad toda la cosa era más bien ilegal. 
      El canal de Ricardo llegó a unos meritorios 57 kilómetros. Sus aventuras inspiraron a cientos de muchachos ávidos de cavar pozos en los fondos de sus casas. Su pasado pirata fue pronto olvidado. Así también Ricardo. Aunque algunos pescadores cuentan que cada tanto ven una lancha amarilla cargada de pejerreyes y tierra surcando la laguna. 

jueves, 26 de marzo de 2015

Día 312: Ciclo lectivo

       En el aula las voces aplican el silencio. El maestro extiende su larga perogrullada con su lengua de lagartija. Los alumnos permanecen anexados al pupitre gracias a la magia de las convenciones. La amenaza de muerte se ceñía sobre sus cabezas.
       Las normativas de la cuarta convención educativa cimentaron las libertades docentes para juzgar y hacer detener a posibles detractores del Partido.Un par de palabras poco agraciadas y el camino al pabellón de detenciones sería una realidad. Los niños lo sabían mejor que nadie. 
       El asunto estaba en escupir la lección tan como se había enseñado. Sin alteraciones. Las palabras justas. Al pie de la letra. Un mínimo agregado significaba libre albedrío. El libre albedrío conducía a la autodeterminación. El germen del pensamiento independiente.
       Eso lo entendía al dedillo los gobernantes del mundo. Las antiguas revoluciones fueron causadas por una falta de carácter de sus predecesores. Su incapacidad para imponer la dura mano de la ley les había costado en ocasiones sus cabezas.
       Por tal razón aceitaron el sistema que sostenía los ejes del régimen de castas. Nadie escaparía a su destino. Ser el yunque o el martillo. El gobierno moldeaba el acero.    
       La educación convirtió a los pordioseros en artículos de limpieza y artefactos modernos. El ideario de servir al Partido. El Partido es la única revolución. 
       Sin embargo no lo podrían contener. Algún día resurgirán los gremios. Los trabajadores, las personas, los niños, los viejos, exigirán sus explicaciones. Así es como van a llover unas cuantas balas sobre los cuerpos de las personas. 
       La sangre corre por las aulas. Un nuevo fantasma llamado libertad azota las puertas del Templo. Se expande por debajo de la tierra. Subyuga a las masas oculta y las despierta. El momento ha empezado. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Día 311: Un arte para gobernarlos a todos. Un arte para encontrarlos,un arte para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas

      Había desarrollado una visión estética. El nacimiento de un nuevo mañana en el arte. Un huevo eclosionado, pero con mucha yema y nada de clara. El artista dejó atrás su etapa "de fluidos", ya los cuadros de sangre y caca no se vendían tan bien en el mercado.
      Hay que dejar volar el espíritu de Warhol. Contágiense, mundo. La locura ritual de abrir una lata de arvejas y frotársela en los genitales. Así es el arte. Responde a todas las invitaciones. A todos los timbres. Abre todas las puertas, aunque sean testigos de Jehová.
      Esa visión tenía algo de caverna, algo de Platón y la montaña de Sísifo con su piedra. Sobre la piedra se encuentra Atlas, quien se deja llevar en andas por una vigorosa Tierra. Moisés arroja las escrituras a una pira, reescribe los testamentos. Un peregrino camina bajo las estrellas que señalan el natalicio de un nuevo mesías. Ese bebé es la prueba. No hay Dios. Todo es Dios. Natural. Explosivo. Como sus instalaciones diarreicas.
      Hay que tomar una regla para medir los parámetros del buen arte. La regla de estiércol. El artista rebusca en el lodo y extrae lo impuro para todas las masas ávidas de una obra de la creación. Algo perfecto. Incluso inadvertido. Un buen pedazo de mierda.
      En otro apartado mandaría a destruir todo por el fuego. Una pira eterna de llama azul. Un estofado de arte. Arte para digerir y servir en la mesa, junto a unos pancitos para ponerle un poco de queso cremoso. Alabado sea el señor de los quesos.
      Las criaturas se harían realidad en la noche. Como los monstruos. Como los pitufos. Como toda clase de mentira repetida muchas veces hasta convertirse en verdad. Así sería su arte. Un buen pedazo de mierda.

martes, 24 de marzo de 2015

Día 310: Sin frontera

      Repite sus alabanzas el ególatra incurado. Añade una semilla de caos al desconcierto. Por los valles de las sombras recorre las tumbas el vivo. Nadie nace sin previo acuerdo. Todos responden a ese llamado único.
      Sin valores. Los marcadores en cero. Por las casualidades de los bordes las venas extremas. Ponen su tinte de monstruo, su ocaso de verdades. Siempre el tercero miente. Es seguro. Es la ley. Luego la momia del occidente despierta y arropa a su cónyuge.
      De los modernos vampiros cenizas quedan. Ejes abrumadores de principios abiertos. Surgen los nuevos nacidos del sol, agostados, muertos en sus precipicios. Si todo puede desaparecer, así desapareceremos todos. En los vórtices de la mañana.
      Si por las dudas preguntas es que margaritas desuellas. Si ese día decides acabar con todo, mejor indaga por el mejor camino. Busca un atajo. Una vía más fácil. Si por las pobres señales montas un espectáculo más digno. ¿Por qué preguntas? ¿hacia dónde vas? A tu lugar sin sombra te diriges. Y puedes empezar, ahora, o nunca. En cualquier instante.

lunes, 23 de marzo de 2015

Día 309: Bolsillos flacos

      Vivir por la moneda de un ojo despierto. Un mar de sangre hierve en las lunas de las sales. El sueño de un muerto despierto, la avaricia del pobre que atenaza el centavo y lo tira al vacío. En un rincón oscuro del mundo las luces no dejan de apagarse.
      En las conspiraciones los mandamases dirigen, alteran, confunden. Aspiran las pesadillas del mundo en sus máquinas de miedo. Chupan la cosa hasta dejarla seca. Por momentos es la nada misma. Aunque digan que es todo. Aunque el encierro de un viejo disco ocre amenace con destrozar el cielo.
      La memoria olvida y da refugio a las esperanzas de los sin techo. Mueren todas las mañanas con el gusano en la boca y la botella colgada de la mano. Debajo de las sábanas de papel esconden los cuerpos. Por temor a la intemperie de la realidad.
      Tienen sus boletos en la mano. La estación próxima. O la caricia del indigente. Un vuelo de ultratumba. Al ras. Las hojas vuelan. Sin techo. Sin sábanas. Una mañana fría y amarilla.
      Una ciudad se erige mientras otra cae. Siempre en algún lugar un cuerpo muere. Sus huesos quedan duros. La carne putrefacta y su olor de despedida.
      Los muertos dicen adiós. Saludan por la ventana. Despiden a sus familiares. Nos vemos en la próxima parada. No se bajen del andén. Saluden a papá. Saludan por la ventana. Es una mañana fría y amarilla. Dicen que van a esperar que terminen las remodelaciones.
      La locomotora y sus humos. Avanza al ritmo de los corazones que sangran. Atraviesa pueblos sin perder velocidad. Una música suena, algo de otra época. Un sonido como de muchas voces gritando cosas. Improperios. Recetas de conquistas. Elixires de dioses. Una normativa sesgada. Vuelan los techos. Cae el refugio.

domingo, 22 de marzo de 2015

Día 308: Muchos arco iris flotando

        En la letanía se desviste una figura Es un viejo acosado por el castigo del tiempo. Se pone la misma camisa en donde guarda un paquete de cigarrillos Particulares. Quiere fumar uno, pero recuerda que el paquete es tan solo una costumbre anacrónica. Ah, si, el puto cáncer. Así se sentía morir un poco más rápido que la velocidad de muerte normal. 
        Sabe que visitará a su hija y no le dirá nada. ¿Para qué? ¿Rogar por lástima? ¿Pedir un entierro digno de su anodina figura? Nada. A la tierra lo que es de la tierra.
        El pulmón desfigurado, ese era más o menos el parte médico, en versión reducida para idiotas. El derecho nomás. El izquierdo estaba perfecto. Raro para un fumador empedernido. El oncólogo lo explicó de una forma en que parecía algo similar a un milagro. Si la operación era un éxito, sería un hombre unipulmonar. Respiración reducida. 
        Actividades físicas cero. Cigarrillos menos que cero. Tendría que encontrar otras formas de morir más lento si no quería que la muerte fuese en cuestión de meses. Aunque el diablo se guardaba sus chances. La porquería ya había hecho demasiado daño.
        El oncólogo mostraba un estúpido optimismo. Le habló de posibilidades. Unas cuantas sumas y restas. La edad restaba. El pulmón sano sumaba. Y así.
        Total, el tiempo, aunque fuese corto, podría cargar con el problema, como todo un cazafantasmas expertos recibido en una universidad fastuosa de Berkeley. Pero el cáncer no perdona, y menos a un órgano de mierda que no puede combatir contra el ejército molecular de un carcinoma de grado IV. Pero el bastardo tenía esperanzas. Por eso tenía un gran título colgado en el centro de su oficina. Eso le habilitaba para dar esa clase de mensajes esperanzadores a personas que estaban a punto de estirar la pata.
        Quizás el tipo no mentía. Arriesgarse no costaba nada. Tiempo no le sobraba. Aunque tampoco tenía muchas actividades. Accedió a la neumonectomía como quien le ofrece un caramelo. Aceptó los riesgos de (más) muerte. 
        Dicen que a veces falta poco. En otras cosas puede estar lo inconcluso. El enfermero le ayudó a sacarse la camisa. Un cigarrillo sobresalía del bolsillo. Si pudiera lo fumaría todo. Hasta el filtro. Cuando la anestesia haga efecto todo será un continuará. 

sábado, 21 de marzo de 2015

Dia 307: El síndrome del hombre perro

      El suplicante clavó sus dientes sobre su dominador. No muerdas de la mano que suele dar de comer, ese es el dicho. Luego agregó unas frases ininteligibles. Babeaba como un perro. Incluso le salía espuma de la boca.
      El experimento funcionó bien. La cantidad de células insertadas era la ideal. La inestabilidad genética de los cromosomas se superó. Ahora ya podían decirle perro-hombre o hombre perro.
      En las películas éstas cosas suelen salir mal. El mensaje cinematográfico es el siguiente: no jodas con la naturaleza porque la naturaleza te va a terminar jodiendo a vos. En la vida real, las acciones de los hombres no suele ir anexada a esa clase de dilemas éticos y/o morales. En la vida real las cosas funcionan, y así lo hizo el hombre perro.
      Lo único malo que tenía era que la muestra originaria provenía de un caniche. Eso no favorecía su temperamento. De hecho solía morder a todo el mundo.
      Cómo todo experimento bastardo de la naturaleza humana, el hombre perro vivió pocos años. Agarró una cepa fatal de un virus desconocido por el hombre, y también por el perro. Los científicos bautizaron a la dolencia como el síndrome del hombre perro. De acuerdo a las estadísticas, el síndrome del hombre perro ataca a un hombre perro de cada un hombre perro. Las estadísticas no son concluyentes. Aún faltan más hombres perros. Aunque eso es materia de otro estudio.

viernes, 20 de marzo de 2015

Día 306: Una sobre el amor

      Hay un desapego mortal que a veces lo llamamos amor. Es como el sexo pero sin estrías. Es algo liso, desprovisto de la sorpresa de un orgasmo involuntario. Mejor dicho, rutinario. En la tesitura del amante existe un más de lo mismo que acogota la gallina de la certidumbre.
      Sin embargo la sensación es parecida. El idiotismo de la especie lo confunde. Y también le decimos amor. Pero en realidad es otra cosa. Es la sensación de un genital mojado o de la cartera que afloja la carne. Por el interés o el despropósito, lo mismo da.
      Por los valles de la intriga se conducen los destinos de las personas que se cruzan. Al amor lo aplaca la vida. Con el tiempo se disipa, se ralentiza. Al final desaparece, no es que se transforma como dicen de la energía.
      También lo confunden con odio. Pero no. Eso no se nutre de los extremos. Es algo gris. Sin matices. Nació muerto, como un fin de semana lluvioso. Luego puede ofrecerse a un ritual cualquiera.
      Y la demostración es lo evidente. Ahí está, como un dinosaurio rosa proclive a la extinción. Es un mortal suspiro de una noche que desaparece. El miedo asciende hasta los picos y duele.
      Duele lo que se dice amor y no lo es. Pero más lo hace el engaño de las etiquetas. Las sensaciones cualificables se amontonan sobre la pared. Amor no sido, no se permite dejar que lo de adentro impere. Un gusano se posa en las entrañas. Y no suelta la carne.

jueves, 19 de marzo de 2015

Día 305: La justicia del sistema

      Una línea de mesas vacías aguardaba a los reclusos. La hora de la merienda le decían. Con esa forma se referían al momento del día en que recibían su dosis de castigo corporal. Los artífices del látigo se paraban en fila y disparaban sus meriendas, de diestra a siniestra. 
      Atención. Ese es el llamado. Atención. Solicitamos la presencia de todos los convictos en el pabellón H. El sistema de castas también funciona en la cárcel. Pagan por un servicio. La evasión de los males generados por un sistema que trata de corregir los males de la sociedad aplicando otros males de igual calaña.
      Se sabe que en la mente de muchos criminales anida el germen de la fuga. Eso lo entendía al dedillo el alcaide. Tenía que darles la ilusión del escape para dejarlos maniatados. Un poco tira, otro poco afloja. Después se cansan solos. Los reclusos del pabellón H lo entendían bien. 
      Es un acuerdo tácito. Así se llama. Las dos partes cumplen sus roles y no se quejan. Así reproducen el sistema. 
      Son el aguijón de la abeja. El tallo de una verdura. Se portan mal, de ese modo lo justifican. Cuantas verdades oscurecidas en nombre de la justicia. Si pudieran hablar, seguro lo callarían. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Día 304: Tres

      Ese tipo acabaría por acogotar su paciencia. Irradiaba un lenguaje de cloaca, como si fuese un inodoro que funcionase a la inversa.
      Si la solución no servía lo bueno sería demostrar un decoro. Los dos hombres eran adultos y así resolverían su disputa. Como seres racionales. Dos personas en sus cuarenta, en el borde de lo posible pensable. 
      Nadie entendía los mecanismos del tercero en discordia. Por lo general era un subordinado sin aspiraciones. Este tenía demasiadas. Casi tanto como un dictador en ciernes. Comandar las acciones de dos hombres era fácil, dentro de todo.
      El inconveniente nacía de la facilidad del convencimiento.
      Sería capaz de hacerlos saltar al pozo si se lo propusiera. Dos imbéciles sin fundamentos. Con menos o nada que perder. Del otro lado los hilos de un propósito mayor. Les repetiría las palabras hasta el borde del sinsentido.
      Decir y escuchar. Dos cosas que nacieron de diferente padre pero de misma madre. Juntas hacen un equilibrio ancestral. Metódico.
      Llevan los volúmenes de una antigua sabiduría entre los codos. El amo de las palabras subyuga a los dos esclavos. La muerte obliga a escuchar su oración. Los gemelos y sus oídos no pueden decidir. Dirán palabras vacías, hasta que no queda nada por escuchar.

martes, 17 de marzo de 2015

Día 303: Seremos parecidos

      Poner el nombre a la diferencia. Una mañana ocurre como lo que pasa y muere. Arde y vive en los vestigios de la sangre. El momento soñado despierta.
      Si de casualidades trata el ogro cree. El cielo munido en las vueltas de una espiral. 
      Añade un color al circuito. Compra la parcela de lo universal, en un instante fijado, un brillo añiñado. Su majestad agita el bastón y espera que el reino preceda a su fuego. Un ardid distinto. El revés de un sofisma. El hombre contento. Despierto.
      Cansado de lo que dejan. Sobras. Migas tiradas al piso. Carne para el abismo. El tiento afloja. Cae el pantalón. El rey conduce con pie férreo entre las moscas. El crimen. El homicidio de la verdad.
      Lo han dejado, por si acaso. La puerta entreabierta, para que llegue la luz. El miedo no se va. Ese cagazo a la oscuridad que no deja estirar la pata. 
      Su voluble figura se extiende entre las calles. Es un miedo que atenaza, con las uñas, con los dientes. 
      Espera que el tiempo sea el indicado. Un héroe con amplificación. Las noches en Somalía. Los sueños despiertan. En la realidad de un letargo. Presiones lisérgicas. Madre videograbadora. Dios surreal. En un viaje color añil la vileza endurece y confina.
Verás los coros del abismo cantar sobre los huesos del futuro. Una vieja insolente recibe el golpe de su majestad. La corte inicia el movimiento fúnebre. Los reyes deben morir. Larga vida a la revolución. El rey está muerto. Que viva el rey.

lunes, 16 de marzo de 2015

Día 302: Bestia acorralada

      La tiranía del espejo devolvía la imagen de una distorsión. La sangre seca dibujaba un anillo sobre el cuello. El hombre observó ese reflejo de reojo. Recelos ancestrales. Tendría que definir como hacer para volver al principio. Como si no hubiera ocurrido nada. Primero limpiar el piso. Escurrir el trapo, cuarteado, rojo. 
      Un momento de calma. Alaben al Dios de las tempestades. Bulle el espíritu por las narices del ocaso. Es el canto de incitación, morir no sería nada, al menos esta noche. Repasar las escenas. La policía encontraría alguna huella perdida, quizás un pelo. Un rastro. Todo lo llevaría a esa habitación. A ese día fatal. Un momento de calma. 
      Si los sueños logran hacerse realidad, la fuga es algo posible. Desaparecer las evidencias. Tomar un avión antes que le cierren los aeropuertos a su presencia. Y luego una nueva vida en el extranjero. Todo sería distinto. Una vez más.
      ¿Cuántas veces ya? ¿Cinco, cuatro, infinitas? Una vez más. Todo sería distinto. Así se convencía. Un momento de calma. Luego desaparecer era fácil. Permanecer fuera del radar. Cambiar las direcciones. ¿Cuántas veces ya? La última vez, o la anteúltima, quizás, se había prometido a sí mismo. Cambiaría. Dejaría atrás los malos vicios.
      Pero luego estaban las voces. Las voces golpean contra su cráneo. Sus gritos son como cuchillos contra la carne muerta de su espíritu. Decían cosas como que todo estaba justificado. El plan divino. Todo servía a un propósito mayor. Una libación en ofrenda al Dios negro. Escurrir el trapo, cuarteado, rojo. Como si no hubiera ocurrido nada. Esas voces lo volverían loco. Algún día. Es inevitable. Va a ocurrir.
      El montaje del ritual se repitió tantas veces. Indistinguible. Todo formaba parte de un ritual mayor. Continuado. Libaciones. Dios negro. Una vez más. El ruido distante de una sirena que se acerca. La puerta de un vehículo se cierra. Las luces titilaban, alargan las sombras, a través de la ventana, por debajo de la puerta. Rodeado. Así el ruido de océano, una voz que sobresale de las restantes. Regurgita un antiguo mantra que dice, exclama, que el último ritual ha empezado. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Día 301: Lecciones de filosofía

      El cinturón no deja de apretar. Esa gordura delatora. Es una gordura de índole filosófico. La grasa de los capitales, decía Serú Girán, al emular la posibilidad de un Karl Marx gordo y fofo. El problema no es lo gordo, si no todo lo que se halla a su alrededor, absorbido por el perímetro de su estómago. 
      Si el cinturón en cambio está flojo, entonces es la indigencia que suelta. El raquitismo también tiene su filosofía. Es una falta. Un deseo insatisfecho traducido en reducciones cuantiosas de carbohidratos y proteinas. En realidad el peso habla mucho de una persona. Es un asunto serio.
      Si se piensa bien, no. No es tan importante. Pero puede serlo. Todo depende de la tribu que lo maneje. La especie humana es complicada cuando de imagen se trata. Lo que entra por los ojos sale por el cerebro en forma de ondas distorsionadas que generan pensamientos a veces no del todo acertados. 
      El proverbio dice algo que no me acuerdo. Pero seguro debe haber sido un buen proverbio. Por algo es un proverbio, y no una frase cualquiera arrojada al azar, como: "tengo sífilis" o "vamos a comer tomate perita". No vamos a entrar en ese dilema. La filosofía exije seriedad para el que la practica. No es cuestión de andar limpiando los tachos de basura con el culo como si fuéramos un Diógenes del siglo XXI.
      El pensamiento suele utilizar algunas partes del cerebro. En esa parte de la cabeza se originan las ideas. El cerebro se encuentra dentro del cráneo, que es como una especie de casco que nos protege de los piedrazos que podemos recibir por la vida. La naturaleza es sabia. Conoce mejor que nadie lo odioso que puede ser un humano. 
      Sin embargo la tarea de pensar a veces es confusa. Las ideas no siempre son adecuadas y pueden ocasionar muertes y enfermedades, como la mejor de las pestes. Para eso la humanidad creó un tecnicismo precioso llamado sociedad. Existen personas que viven gracias a tecnicismos. Otros mueren. 
      Aunque por lo general las personas suelen vivir gracias a la comida y el agua, y la correcta evacuación de las heces y la orina. También en el terreno de la reproducción sexual se le da muy bien, gracias a la falta de depredadores naturales. El ser humano también es una peste, como la paloma o las canciones de Ricardo Arjona. 
      La filosofía suele hacerse estas preguntas y algunas más, por lo general un poco más interesantes. ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Cuál es el precio de la cebolla? Y cosas por el estilo. A veces la labor del filósofo es palpar el tomate perita y comprobar su madurez. Una buena ensalada requiere de verdura fresca. El condimento también es esencial, aunque algunos opinan que los filósofos son gente insulsa que no sabe distinguir entre el gusto del sambayón y la crema del cielo. 
      Cuando un filósofo es famoso puede contratar a un cocinero para que le haga una ensalada. Incluso puede sobornar a los medios de comunicación para que hablen de lo bien que hace ensaladas, aunque sepamos que es una mentira. También la fama le permite escribir libros de cocina y de otros menesteres. A los filósofos les gusta mencionar a gente muerta, por lo general filósofos compadres, porque eso les hace sentirse más importantes.
      Los filósofos son gordos. Aunque algunos también son flacos. Algunos no son ni gordo ni flaco. Todo depende de qué tan bien prepare una ensalada. Por eso la naturaleza es sabia e inventó las verdulerías. Es natural que en una ciudad siempre haya una verdulería en un rango de 500 metros o menos del lugar en donde se vive. Ese es el promedio. Salvo en algunas ciudades de Uzbekistán, que comen personas vivas.
      Dicen que las verdades son eternas. También las mentiras. Para eso están los filósofos. Para enseñar cuando una verdad es una mentira y viceversa. El precio de la lechuga puede ser una mentira. Ahí es donde importa tener un filósofo cerca. En los países desarrollados la tasa de filósofos per cápita es de 0.57. Por eso hay que cuidar a estos laboriosos del pensamiento. El mundo de la cocina depende de ellos. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Día 300: Debajo del tablero

      El aire desolador de la muerte anunciaba que todo importa. O mejor dicho nada. Nada importa. El movimiento del alfil. Está en el medio, entre el enroque y la muerte. Quiere avanzar en su militante diagonal, arrasar, profanar los templos.
      En el ajedrez la partida puede llevarte a la locura. No a cualquier tipo de locura. Una de las perceptibles. Y los peones caen, ajenos a las cosas que pasan a sus espaldas. La vida en juego. Piezas negras. Piezas blanca. Un tablero. Y un sinfín de interrogantes.
      No existe una mejor estrategia. Es el improviso y el descontrol. Aunque puede ser algo deliberado. Una maniobra maestra, hacer creer. Dejar montada la trampa.
      Un par de piezas menos y el juego recién empieza. Un arrinconamiento progresivo. Luego las miradas. Los jugadores saben lo que hacen. Se dejan llevar por las manos. Por el reloj que aprisiona cada movida.
      Luego el abismo. El borde del jaque mate. Una acción evasiva. Rescate de campana. El abismo llama, convoca. El alfil solitario se adentra en terreno enemigo, se planta frente al rey.
      Quiere acabar con la tiranía negra. El blanco sobrevive. Una pieza menos. La última. La definitiva.

viernes, 13 de marzo de 2015

Día 299: Protejan a la reina

      Le pido que se saque la ropa, señor. ¿Ésto es un sueño? No lo es. Estamos en el medio de la calle, usted quiere matarme de la vergüenza. Esa es la idea, señor.
      El problema son los guardianes del saber, son infranqueables. Por eso debe desnudarse. Un acto de sumisión redime y agiganta su soberbia cognitiva. ¿Porqué? No lo sé, si supiera... Todo es una idiotez, de cualquier modo vamos a morir, ¿Qué importa de qué manera dejemos el cadaver?
      Hola. Hola. Hola. ¿Qué hacen? Hablamos. ¿De qué? Ya no importa, se jodió el chiste. Hay que desnudarse. ¿Porqué? Porque hace frío y porque los guardianes son unos idiotas de primera. Más vale que sean humanos, eso decía el folleto. No me engañen, soy pobre. ¿Ésto es un sueño?
      Quiero hablar con ustedes. No podemos, somos muchos. Como tres. Cuento mis dedos y son tres. Muchas cosas son tres. Yo quiero ser cuatro. Hola. Hola. Hola. Hola. Desnúdese. Ya estoy desnudo. Eso es estar vestido. No, ustedes están vestidos, yo estoy desnudo como vine al mundo. Quiero irme.
      Quédese. Hable. No quiero desnudarme, o vestirme. A la mierda los guardianes del saber. No me importa más. Pueden empezar sin mi. Quédese, usted es importante. ¿De qué hablan, recién llego? De nada, y todo. Ahí viene otro.
      Hola. Hola. Hola. Hola. Hola. ¿Qué tal? Porqué hablan, las bocas no se inventaron para eso? Desnúdese. ¿Porqué? Me lo dijo él. A mi me lo dijo él. Yo recién llegué. Pido que se desnuden porque es lo que se necesita para llegar a los guardianes del saber. ¿Y funciona? No sé. No. Bueno, tal vez si. Pero no estoy seguro. Pero estamos en el medio de la calle. Eso le dije yo y no me hizo caso. Yo sólo dije que era pobre y que esto me parecía un sueño. Yo recién llegué. Yo solo pregunto porqué llegué después del recién.
      ¿Vamos a desnudarnos? No, ya no. Pero usted está desnudo. No, yo estoy vestido, usted está desnudo. Es al revés, usted está desnudo y yo estoy vestido. Ustedes necesitan un juez. Yo no, recién llegué. No, alguien imparcial necesitamos, no podemos ser ninguno de los cinco porque ya estamos demasiado unidos. ¿No ven cómo me abraza éste? Es muy  cariñoso. Eso que no lo conoce. Capaz que si, de un sueño. No sé. ¿Vamos a desnudarnos? Ya dijimos que no. Es que recién llegué. Mentira, ya había llegado cuando lo dije. No, recién llegué, siempre llego recién. No antes. No después. Recién. Siempre llego recién. No lo entiendo, señor, tómese la temperatura, usted está demasiado imbécil. Eso no le gusta a los guardianes del saber. ¿Quiénes son los guardianes del saber? Es obvio, nosotros lo somos. Hasta el cinco. Todo cinco. Después lo olvidamos. Hay que repetir la pantomima hasta el final.
      Hola. Hola. Le pido que se saque la ropa, señor. ¿Ésto es un sueño? No lo es.

jueves, 12 de marzo de 2015

Día 298: Exclusión

      El catéter está roto. Eso dicen. Hay que conformarse. Dejar que se escabulla el pis. Así como la vida. Terminal. ¿Cómo sería la muerte? Algo con fuego de artificios. No seguro.      Aquella mañana despertó enfermo. Al igual que las paredes del hospital, manchada con los humores de sus pacientes. Algo dentro le decía lo que iría a ocurrir. Una pequeña vocecilla, como un grillo impertinente.
      Ningún secreto de Estado. Moriría. Esa es la verdad. Ninguna otra. A veces amó y no fue suficiente. Lo fue todo. Único. Fue forzado a conjurar las palabras mágicas. Someterse al influjo del espanto. Esa es la verdad.       
      Anochecía. La enfermera se olvidó de su existencia. Habría muerto sin saberlo, quién sabe. El hombro dislocado. Cómo todo. Hay tanta enfermedad para la que el mundo no está preparado. Es una sobredosis. Una desmesura. La desestabilidad de los aparentes.
      Una estrella fugaz apagará los circuitos. Ofrecer el amor a la pira funeral. Dejar de ser una vez más. Hasta el hastío. Por que la corriente se lo lleva, hasta el río. 
      El catéter ha olvidado su función. Dejó de pertenecer al mundo de los significantes. Hizo el por si acaso pero roto. Es tan solo un instrumento de nostalgia colocado dentro de un genital a punto de olvidar su función. La muerte es olvidar la función. 
      A la larga la olvidaría. Todo. Cada cosa aprendida. Cada piel acariciada. Cada amanecer observado. La pátina se volvería gris, de a poco. En el abandono dejaría el nombre. Volver árbol. O piedra. Muerto. Quién sabe.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Día 297: Rex impera

      Dependo de la destrucción para apagar las luces de las sombras, en distante errancia. La apariencia servil del yugo de los tiempos. Esa cosa que se prende y nunca muere, que gira en un constante desvelo de preguntas sin respuestas. Lo no apagado, una sentencia revirada. Una víbora sediciosa que inyecta su veneno sobre los cantos de una época. 
      Un llanto pálido, febril, emerge de las luces. Promete agotar el silencio que repentino opera en sus contornos de desfiguras. Promete la nulidad del contrato, el cese de la deuda. Nuevo crédito para las esperanzas de Vitruvio.
      A veces hay que ceñir las alforjas, escapar de lo que las puertas llaman, memorias del atravesando incógnito y eterno. Fluidos inmortales que caen sobre bocas cosidas con hilo sisal. En económico silencio despego del momento para construir el mausoleo. Levanten esas paredes en ofrenda de próxima muerte. Llenen los pisos con la sangre del oprimido. Cuellos cortados. Testigos de lo inacabado. La vergüenza y la piedad. Una fuerza convive. Una fuerza engulle y despide.
      En anodino presentimiento viven los hombres de la marca. Sin cuestionar eso que pasa, cuando la muerte llama. Palabras que se atragantan, que no salen del esófago. Palabras que no dañan. Palabras de mentira, un auténtico falsable. El amor a una curiosidad torno en mal y fundamento, cadáver y crecimiento. Por tales razones venden el paraíso, en módico precio. Venden lo inexistente, lo que la palabra rasguña y pervierte. ¿Dónde criaré los cielos cuando ya no exista el horizonte? ¿Adónde repetiré los cuentos, en un mundo sin profetas? Rex impera. Silentium est.


martes, 10 de marzo de 2015

Día 296: Un nuevo día

      El señuelo estaba listo. El señuelo era un sapo reventado. Eso es lo que comen esos animales raros sin nombre. Ni siquiera era natural la cosa. Salió de un laboratorio, así todo deforme. Y con muchas ganas de comer sapo reventado. 
      Se olvidaron de un detalle. El animal raro sin nombre se volvía inteligente a medida que pasaba el tiempo. Algún genio le metió un poco de ADN humano a la mezcla y así salió, con neuronas que piensan cosas. 
      No tardaron en encender las alarmas. Otra peculiaridad de esta nueva especie es que son capaces de volverse invisible.Y lo aprovechan bien para cazar a sus presas, al mejor estilo depredador. Aunque todavía no agarra nada. Es tan solo un bebé.
      Un bebé furioso y hambriento, en fase experimental. Una mirada tenaz ilumina su rostro, son las ganas de carne humana. En algún momento se percató que una probadita tenía mejor sabor que el mejor sapo reventado.
      El animal raro sin nombre observa el señuelo. Sabe que es una trampa. Ignora porqué lo quieren atrapar. Tal vez lo extrañen. Quizás lo dejen de pinchar. Cuando alguien abusa de uno es porque te quieren, esa es la lógica. 
      El juego es eterno. Los científicos esperan. La criatura no hace nada. La situación se prolonga por horas. Hasta que ocurre lo impensado. Los científicos se comen el sapo reventado. El animal raro sin nombre los atrapa. Las cosas se dieron al revés.
      La criatura arrastró a su presa hasta el laboratorio. El pensamiento en ebullición. Hacer lo esperado. Mentar la venganza. Los ataría de los testículos y los pincharía hasta que no distingan la piel de la aguja. Tuvo una mejor idea. Sacó un bisturí y marcó una línea en el pecho de cada uno de sus progenitores simbólicos.
      Armó con lo que tenía una mesa. Esta noche cenaría como un rey. Masticaría cada pedazo de científico con el placer único que brinda la saciedad del alimento. Cuando la velada de fin, descansaría, para volver a empezar mañana, un nuevo día.

lunes, 9 de marzo de 2015

Día 295: Preceptos de buen gusto

      El paciente mordisqueaba una lapicera. El análisis determinaría qué enfermo estaba o, mejor dicho, cuánto le faltaba para morir. Es que el cáncer es así, te agarra una parte del cuerpo media jodida, y chau, despídete mundo. 
      Después hay que pensar en todos tus seres queridos, a quién le dejás los CDs, quién te quita los libros, y cosas así. Debe ser jodido. Igual después de enojarte con la sentencia de muerte es como que hacés las paces. El universo te jode, y es jodido. Es verdad. 
      El paciente se rió. Es que soy un exagerado. No me pasa nada, es un simple análisis. Ni siquiera tengo un resfriado. Aunque debe ser feo que encuentren un cáncer en esos análisis. Cáncer por boludo. 
      A las personas le parece de mal gusto hablar de las enfermedades. Pero se olvidan que morir es de peor mal gusto. Y ni siquiera tenemos alternativa. Morir es como un deber para nuestra especie. Nacemos para quedar muertos dentro de un rato, corto o largo, depende de cada uno. Y eso no es buen gusto. 
      Es cierto. Podría ser peor. Vivir hasta el hastío. Un hombre inmortal, eso sería feo. Es que el amor no elige a su víctima. Tampoco la muerte. Llega, como sea. El cáncer es tan solo uno de sus tantos repertorios.
      Al final no tenía nada. Un análisis más. Una tranquilidad al pedo. El paciente dejó la lapicera recostada sobre una revista de poca monta. Podría pegarme un tiro, pensaba. Mejor salir al sol. Que le agarre cáncer a los demás. Por ahora. 

domingo, 8 de marzo de 2015

Día 294: La fábrica de caca

      Cuando los intestinos fallan la fábrica de caca deja de andar. La caca es lo que sale por el culo. Por lo general suele ser marrón, aunque a veces es de otro color, como negro o verde oscuro. El color tiene que ver con la oxidación. El sorete entra en contacto con el aire y por el oxígeno se vuelve así todo marrón.
      Luego a las personas no les gusta hablar de la caca, menos durante la comida. Suelen decir que es de mal gusto, aunque en realidad es lo más normal del mundo, o del culo.
      Dicen que hay ciertos países de oriente en que entierran a los muertos junto a sus cacas, porque de la caca venimos y a la caca vamos. Es una buena filosofía. Platón era un filósofo. Aunque no hablará de caca. A Diógenes le decían perro, porque le gustaba frotarse caca en la cara.
      La fábrica de caca produce diversos productos. A veces es duro y largo, todo liquido o un mix de ambas formas. Dicen que no existen dos cacas iguales, son como los copos de nieve, aunque no tan lindos. La caca es más olorosa.
      En Finlandia hay un grupo de científicos que investiga las propiedades de la caca. De acuerdo a su estudio, dentro de 28 años dejaremos de producir caca. Es parte de la evolución, dicen. El cuerpo reabsorberá sus sobras y, por lo tanto, el agujero del culo terminará por cerrarse.
      Igual para eso todavía falta. Es posible que para ese entonces estemos todos muertos. Los meteoritos ocurren. Lo mismo la vida. Ocurre. La caca ocurre. Además, por más que de vergüenza, sentir la rigurosidad del elemento X frotar el ano, causa y da placer. No tanto como para ser cogido por un sorete, pero algo así. La fábrica de caca funciona y ocurre.

sábado, 7 de marzo de 2015

Día 293: La fábrica de pis

      La máquina le extirpó el riñón izquierdo de cuajo. El órgano rebotó en el piso un par de veces como una pelota desinflada y quedó todo muerto sobre la tierra. El herido se palpó su flanco izquierdo. ¿De dónde salía tanta sangre? El ser humano es una cosa extraordinaria, tenía tantas partes adentro. La sangre era una de ellas, al igual que los huesos y los riñones. El riñón fabrica pis, cuando está bien.
      Cuando un riñón está mal o, como en este caso, se cae al piso porque alguien lo arrancó de cuajo, deja de fabricar pis. Por suerte vienen dos. Uno de repuesto. Aunque no es lo mismo. El riñón de repuesto, o sea el derecho, tiene que funcionar por dos, y eso a la larga lo deteriora.
      En la tierra idearon un sistema asombroso para los seres humanos que pierden o no les funciona los órganos. Lo llaman trasplante de órgano. Es una operación simple en la que le quitan el órgano a un muerto y se lo dan a un vivo. A veces existían complicaciones, porque no todos los órganos eran iguales, y algunos dejan de funcionar cuando se les cambia de cuerpo. Trabajan en diferentes polaridades, pensaron los científicos marcianos.
      Sin embargo lo más importante en el ser humano es la cópula. Muchos gestos de sorpresa en la sala. ¿Ese espécimen estaría copulando? Le salía un líquido rojo del estómago y hacía ruidos extraños. Debe estar por llegar al orgasmo, tomó nota un estudiante de sexología interespacial.
      El ser humano perdía color. Gesticulaba con las energías que le quedaban. Gritó que se moría, aunque la voz ya no tenía la misma fuerza. Los marcianos se sorprendieron aún más. Para una raza que se precia de ser inmortal, presenciar la muerte será un evento único e irrepetible.

viernes, 6 de marzo de 2015

Día 292: Fiat lux

      En un circuito oxidado bailaban las conexiones de una vida perdida. El proyecto había sido abandonado, la fábrica cerrada y, por supuesto, la inversión monetaria, detenida.
      Ahora el robot era un pedazo de chatarra sostenida entre cadenas. Una sonrisa macabra iluminaba su rostro. Era como si supiera algo. Guarda el secreto de la bomba atómica, o tal vez por qué la tostada cae del lado de la manteca. O quizás todo.
      Detenido en el momento perpetuo. Así se hallaba el robot. Antes de que North Positronic se fundiera, comentan que llegaron a hacerlo andar. Un primer prototipo, aislado. En ese entonces la fe en la civilización era suprema. Aún no habían llegado las grandes guerras. Los desastres del siglo XX eran tan solo un juego de niños a diferencia de lo que estaba por venir. 
      Una conjunción de eventos diezmó la población. El efecto invernadero no hizo más que acelerar el proceso de las nubes nucleares y sus lluvias ácidas. Las aguas dulces empezaron a envenenarse. Las personas morían de sed. También de hambre y de otras cosas. Luego vino el silencio. Un silencio largo y duro. La tierra dejó de hacer ruido. Se quedó sin pilas. 
      Las casas eran abandonadas por el olor a muerto. El nomadismo aumentó las chances de supervivencia. Las familias quedaron destrozadas. Corrían contra el tiempo, dado que las glaciaciones se habían vuelto un fenómeno común, cada dos o tres meses. 
      Para resumir, los seres humanos se comían entre sí. Y los animales se devoraban a los humanos. Así estaban las cosas. Mientras tanto, el edificio de North Positronic seguía inhabitado. 
      Una vez anduvo una pareja de paso. Aprovechó el techo, esa noche caían gotas como sapos. El reflejo de un rayo se asomó por la ventana. Luego del refucilo vino el trueno. También el ruido de algo que se enciende. El robot giraba en círculos. La pareja no se había percatado de su presencia. Pensaban que era parte del decorado post-apocalíptico. 
      El robot tenía un trastorno en su código binario. Emitía ceros y unos como un conejo con diarrea. Y no paraba de girar. Giraba hasta marear al girador más avezado. El código binario se transmitía en lenguaje. Repetía alterado frases bíblicas entremezcladas con anuncios publicitarios de condones. Luego sonaban voces de auxilio y un locutor que anunciaba el pronóstico del tiempo. Luego se silenció. Un nuevo trueno. 
      El fin de los tiempos. Ese era su último mensaje mensaje. Sálvese quién pueda. Acto seguido, el robot tomó carrera hacia la ventana y saltó. El vidrio se hizo pedazos. La pareja se asomó para ver. El cuerpo de metal del robot hacía un zigzag extraño en el piso, chorreaba aceite por los costado. Sus últimas palabras fueron: "Fiat lux". Y la luz se hizo. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Día 291: No romperás

      A falta de colores el dueño de la sala pintó las perillas de negro. El cabezal valvular era una especie de injerto de la naturaleza. Para los músicos que lo usaban, aplicaba el eufemismo "es de luthier" y por eso podía ponerle cualquier perilla chota, porque "es de luthier". Además el cabezal empujaba al Marshall a otro nivel, eso palabras del dueño de la sala. En realidad era un cabezal choto sin nombre. Para una banda de garaje o lo-fi andaba bárbaro. Los más técnicos preferían desconectarlo y utilizar algo más sofisticado, un Mesa Boogie que era una preciosura. 
      Alquilar una sala era una labor para aventureros. En realidad es el trabajo ideal para el músico frustrado. El dueño de la sala sabía que no se iba a hacer millonario. Tenía menos equipos que el baño de Abbey Road, eso estaba claro. De hecho pichuleaba hasta fin de mes. Salvo los fines de semana, que el negocio se tornaba un tanto más activo. Igual vendía más cerveza que otra cosa. El músico, antes que compositor, era pose, y la pose lo llevaba a beber y a comportarse, en muchas ocasiones, como unos imbéciles. 
      Tenía el caso de esta banda de punk, ¿cómo se llamaba? ah, sí, Fístula anal. Tocaban algunos covers de los kennedys y un par de temas propios. Nada extraordinario, salvo su comportamiento. Tenían la sana costumbre de vivir inquietos en un espacio reducido. La sala de ensayo principal no medía más de diez metros cuadrados. Los integrantes de Fístula anal conocían cada centímetro de la sala. Escupitajos por acá, una silla rota por allá. A veces el micrófono que se estrellaba contra el aire acondicionado. Y cosas así. 
      El dueño solía advertirle a todas las bandas respecto al cuidado de su fuente de trabajo, pero en el fondo sabía que para ese entonces el 70 % de los músicos estaban borrachos y poco entendían acerca de "cuidados" o "no romper". Tampoco podía pedirles que sean "menos borrachos" porque eso también iba en contra de su negocio. Así que al fin de un mes durísimo, con pocas entradas, el dueño estaba ante un dilema. 
      Tampoco podía prohibirles la entrada a la sala de bandas revoltosas, porque muchas de ellas venían seguido a ensayar. Los pedidos de cuidado eran al pedo. Así que un día cerró la sala por una semana. En la puerta el dueño puso un cartel escrito con fibrón negro. En mayúsculas. Decía: CERRADO POR REFACCIONES. 
      A puertas cerradas el dueño ideó alternativas para solventar los destrozos ocasionados. Encontró una solución. Tres palabras: plástico de empaque. Así fue como cubrió cada centímetro de la sala. Plástico de empaque. Incluso cubrió con plástico de empaque a los cuatro miembros de Fístula anal. Era divertido verlos, aplastándose las burbujitas entre ellos. Nunca hubo una rotura más. Aunque dicen que en sus presentaciones en vivo, los músicos de Fístula anal suelen presentarse vestidos con el plástico de empaque de la sala de ensayo. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

Día 290: Fichín nazi

      Detrás del oro nazi no quedó la memoria. Tan solo un puñado de habladurías. La existencia de un plan descabellado salió a la luz de forma solapada a traves de internet. La idea provenía de un SS-Obersturmbannführer apellidado Braun.
      El tal Braun quería mandar a acuñar una cantidad insólita de monedas conmemorativas del Tercer Reich. Monedas que otrora habían sido dientes de judíos, cadenas de negros y demases chucherías de homosexuales. La cantidad de monedas que estimaba el SS-Obersturmbannführer Braun en su informe era de un total de 5.359.254. A un promedio de 10 gramos por pieza, el peso total del botín se acercaba a las 53 toneladas. Todo ese oro sería llevado a la Antártida en una flota de submarinos.
      La guerra no le sonreía a Hitler, así que el plan de Braun fue desechado por considerarlo un disparate cósmico. Sin embargo, eso no le impidió a Braun que fraguase una orden de su superior inmediato en cargo, el SS-Standartenführer Kopf, el 13 de marzo de 1945.
      Con ese documento se presentó en el astillero de Bremen. No resultó fácil el engaño. De hecho Braun tenía que contar con múltiples firmas y autorizaciones por parte de la Wehrmacht y la Kriegsmarine, todos cargos de jerarquía. Cada uno de ellos recibiría su comisión. Una lista amplia. Todo a espaldas del Führer, como era lo acostumbrado en los últimos años previo al final de la guerra.
      El submarino U-3531, uno de tipo XXI, zarpó del puerto de Bremen el 1 de abril de 1945. Para ese entonces Alemania se encontraba rodeada por los aliados y se esperaba un pronto desenlace a la guerra. En resumen, todo era un pandemonio.
      El U-3531 no figura en ningún libro de historia, de hecho no existen datos respecto a su construcción en ningún astillero alemán. Hasta ahí llegaron las monedas, o los dientes, o las cadenas, o como quiera llamarse. Claro, el único viaje inaugural del U-3531 pudo llevar tan solo unas 12 toneladas de oro. 
      Gracias a la tecnología del submarino y a la inmensa debacle de la guerra, el U-3531 permaneció fuera del radar del enemigo. De hecho nadie volvió a saber de él. Algunas fuentes señalan conexiones de la Artártida con la Patagonia respecto a movimientos "extraños" de naves no detectadas. Aún así, no dejan de ser suposiciones. 

martes, 3 de marzo de 2015

Día 289: Las dos cápsulas

       La infancia había quedado atrás. Fue una sobrecarga de tensión, esa era toda la explicación. Luego se volvió adulto de repente, con todas las deducciones impositivas adheridas a su sistema linfático. ¡Qué lindo es crecer! Decían los idiotas que no sabían nada al respecto. En realidad crecer es solo un sinónimo de hacerse viejo, de estar un paso cada vez más cerca de atornillar el cajón. 
      La verdad que crecer era una mierda. Los adultos eran una mierda, con todas sus convenciones a cassette. Existía una forma en el adulto de rememorar la infancia y eso se llamaba ser irresponsable. El problema era que ser irresponsable estaba mal visto. Eso en nuestro mundo equivalía a la autoexclusión social o, en casos extremos, ganar una estadía en el loquero, que era más o menos lo mismo.
      Por eso decidió fugarse del planeta. Los viajes a Marte todavía representaba un lujo para unos pocos. Así que tuvo que robarse una cápsula. 
      Evadir la seguridad no fue fácil, aunque se la rebuscó. Por suerte tenía un pariente en el área de limpieza, así que el acceso al edificio no fue un inconveniente. 
      Tal vez debería haber aprendido a leer, es lo único bueno de crecer. Con las herramientas suficientes, como la lectura y la escritura, el adulto es capaz de mentirse a sí mismo sin tapujos. Al crecer es mucho más sencillo engañar a la propia existencia.
      De todos modos hay cosas a las que no se le pueden engañar. Una de ellas es la muerte y la otra es la lógica de los acontecimientos. 
      Es muy razonable que una persona que no sepa leer pueda tomar por asalto una nave con destino equivocado. Las cápsulas tenían sus trayectorias prefijadas. Existían dos tipos de capsula, las que iban Marte y las que se dirigían a la Luna.
      Las cápsulas con destino a Marte aterrizan en la colonia humana N° 3 Johnson, llamada así en honor a uno de los integrantes de la quinta expedición sobre suelo marciano. En cambio, las cápsulas que van camino a la Luna suelen llevar artefactos mecánicos, dado que los únicos habitantes lunares son los robots de mantenimiento y emergencia en viajes espaciales. En la luna no hay aire. Tampoco hay comida. Allí se conducía una cápsula tomada por asalto.

lunes, 2 de marzo de 2015

Día 288: Mocos

      Soberanos mocos. Reyes indiscutidos de las cavidades de mis narices. Allí se encuentran, verdes y prolíficos, como un candidato a presidente. Aunque les guste salir de vez en cuando, prefieren alterar el orden interno. El moco es un golpista nato, como una junta militar. Una vez que aparece, lo enmoca todo.
      Atenta contra la cabeza, aturde en las ideas. La porquería se expande por que le gusta, muerde con sus dientes verdes hasta que nos reduce a una nada. Los mocos atacan, los mocos pelean, porque les importa poco el desenlace. 
      Mocos extraordinarios, hacinadores de la fe. Atenazan los pensamientos, las ideas no salen. Solo mocos, mocos afuera, uno tras otro, hasta el infinito mismo de la infinidad aparente. Arrepentirse del ruido generado, de los ecos que retumban contra las paredes del cerebro, a través de esos fluidos verde amarillentos.
      Mocos, mocos soberanos, reyes destituidos, muera el rey. Es una verdad que no se come, ni se ladea. Es el perro que deja de mover la cola. La vida que deja de mover el aire. Y todo lo demás. 
      Bullen por las narices, quieren salir y no paran. Tienen una obstinada paciencia para avanzar y taparlo todo.  Es una gesta sin héroes, un mañana sin legañas. 
      Y en el despertar del mañana atiborradas de flema amarillenta los senos estarán. A lo enfermo lo vivo se reduce. Como arcas de un deseo pretérito apagado. El barco de los mocos zarpa, hacia nuevos horizontes mocosos. 

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