lunes, 2 de marzo de 2015

Día 288: Mocos

      Soberanos mocos. Reyes indiscutidos de las cavidades de mis narices. Allí se encuentran, verdes y prolíficos, como un candidato a presidente. Aunque les guste salir de vez en cuando, prefieren alterar el orden interno. El moco es un golpista nato, como una junta militar. Una vez que aparece, lo enmoca todo.
      Atenta contra la cabeza, aturde en las ideas. La porquería se expande por que le gusta, muerde con sus dientes verdes hasta que nos reduce a una nada. Los mocos atacan, los mocos pelean, porque les importa poco el desenlace. 
      Mocos extraordinarios, hacinadores de la fe. Atenazan los pensamientos, las ideas no salen. Solo mocos, mocos afuera, uno tras otro, hasta el infinito mismo de la infinidad aparente. Arrepentirse del ruido generado, de los ecos que retumban contra las paredes del cerebro, a través de esos fluidos verde amarillentos.
      Mocos, mocos soberanos, reyes destituidos, muera el rey. Es una verdad que no se come, ni se ladea. Es el perro que deja de mover la cola. La vida que deja de mover el aire. Y todo lo demás. 
      Bullen por las narices, quieren salir y no paran. Tienen una obstinada paciencia para avanzar y taparlo todo.  Es una gesta sin héroes, un mañana sin legañas. 
      Y en el despertar del mañana atiborradas de flema amarillenta los senos estarán. A lo enfermo lo vivo se reduce. Como arcas de un deseo pretérito apagado. El barco de los mocos zarpa, hacia nuevos horizontes mocosos. 

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