martes, 3 de marzo de 2015

Día 289: Las dos cápsulas

       La infancia había quedado atrás. Fue una sobrecarga de tensión, esa era toda la explicación. Luego se volvió adulto de repente, con todas las deducciones impositivas adheridas a su sistema linfático. ¡Qué lindo es crecer! Decían los idiotas que no sabían nada al respecto. En realidad crecer es solo un sinónimo de hacerse viejo, de estar un paso cada vez más cerca de atornillar el cajón. 
      La verdad que crecer era una mierda. Los adultos eran una mierda, con todas sus convenciones a cassette. Existía una forma en el adulto de rememorar la infancia y eso se llamaba ser irresponsable. El problema era que ser irresponsable estaba mal visto. Eso en nuestro mundo equivalía a la autoexclusión social o, en casos extremos, ganar una estadía en el loquero, que era más o menos lo mismo.
      Por eso decidió fugarse del planeta. Los viajes a Marte todavía representaba un lujo para unos pocos. Así que tuvo que robarse una cápsula. 
      Evadir la seguridad no fue fácil, aunque se la rebuscó. Por suerte tenía un pariente en el área de limpieza, así que el acceso al edificio no fue un inconveniente. 
      Tal vez debería haber aprendido a leer, es lo único bueno de crecer. Con las herramientas suficientes, como la lectura y la escritura, el adulto es capaz de mentirse a sí mismo sin tapujos. Al crecer es mucho más sencillo engañar a la propia existencia.
      De todos modos hay cosas a las que no se le pueden engañar. Una de ellas es la muerte y la otra es la lógica de los acontecimientos. 
      Es muy razonable que una persona que no sepa leer pueda tomar por asalto una nave con destino equivocado. Las cápsulas tenían sus trayectorias prefijadas. Existían dos tipos de capsula, las que iban Marte y las que se dirigían a la Luna.
      Las cápsulas con destino a Marte aterrizan en la colonia humana N° 3 Johnson, llamada así en honor a uno de los integrantes de la quinta expedición sobre suelo marciano. En cambio, las cápsulas que van camino a la Luna suelen llevar artefactos mecánicos, dado que los únicos habitantes lunares son los robots de mantenimiento y emergencia en viajes espaciales. En la luna no hay aire. Tampoco hay comida. Allí se conducía una cápsula tomada por asalto.

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