jueves, 5 de marzo de 2015

Día 291: No romperás

      A falta de colores el dueño de la sala pintó las perillas de negro. El cabezal valvular era una especie de injerto de la naturaleza. Para los músicos que lo usaban, aplicaba el eufemismo "es de luthier" y por eso podía ponerle cualquier perilla chota, porque "es de luthier". Además el cabezal empujaba al Marshall a otro nivel, eso palabras del dueño de la sala. En realidad era un cabezal choto sin nombre. Para una banda de garaje o lo-fi andaba bárbaro. Los más técnicos preferían desconectarlo y utilizar algo más sofisticado, un Mesa Boogie que era una preciosura. 
      Alquilar una sala era una labor para aventureros. En realidad es el trabajo ideal para el músico frustrado. El dueño de la sala sabía que no se iba a hacer millonario. Tenía menos equipos que el baño de Abbey Road, eso estaba claro. De hecho pichuleaba hasta fin de mes. Salvo los fines de semana, que el negocio se tornaba un tanto más activo. Igual vendía más cerveza que otra cosa. El músico, antes que compositor, era pose, y la pose lo llevaba a beber y a comportarse, en muchas ocasiones, como unos imbéciles. 
      Tenía el caso de esta banda de punk, ¿cómo se llamaba? ah, sí, Fístula anal. Tocaban algunos covers de los kennedys y un par de temas propios. Nada extraordinario, salvo su comportamiento. Tenían la sana costumbre de vivir inquietos en un espacio reducido. La sala de ensayo principal no medía más de diez metros cuadrados. Los integrantes de Fístula anal conocían cada centímetro de la sala. Escupitajos por acá, una silla rota por allá. A veces el micrófono que se estrellaba contra el aire acondicionado. Y cosas así. 
      El dueño solía advertirle a todas las bandas respecto al cuidado de su fuente de trabajo, pero en el fondo sabía que para ese entonces el 70 % de los músicos estaban borrachos y poco entendían acerca de "cuidados" o "no romper". Tampoco podía pedirles que sean "menos borrachos" porque eso también iba en contra de su negocio. Así que al fin de un mes durísimo, con pocas entradas, el dueño estaba ante un dilema. 
      Tampoco podía prohibirles la entrada a la sala de bandas revoltosas, porque muchas de ellas venían seguido a ensayar. Los pedidos de cuidado eran al pedo. Así que un día cerró la sala por una semana. En la puerta el dueño puso un cartel escrito con fibrón negro. En mayúsculas. Decía: CERRADO POR REFACCIONES. 
      A puertas cerradas el dueño ideó alternativas para solventar los destrozos ocasionados. Encontró una solución. Tres palabras: plástico de empaque. Así fue como cubrió cada centímetro de la sala. Plástico de empaque. Incluso cubrió con plástico de empaque a los cuatro miembros de Fístula anal. Era divertido verlos, aplastándose las burbujitas entre ellos. Nunca hubo una rotura más. Aunque dicen que en sus presentaciones en vivo, los músicos de Fístula anal suelen presentarse vestidos con el plástico de empaque de la sala de ensayo. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...