jueves, 19 de marzo de 2015

Día 305: La justicia del sistema

      Una línea de mesas vacías aguardaba a los reclusos. La hora de la merienda le decían. Con esa forma se referían al momento del día en que recibían su dosis de castigo corporal. Los artífices del látigo se paraban en fila y disparaban sus meriendas, de diestra a siniestra. 
      Atención. Ese es el llamado. Atención. Solicitamos la presencia de todos los convictos en el pabellón H. El sistema de castas también funciona en la cárcel. Pagan por un servicio. La evasión de los males generados por un sistema que trata de corregir los males de la sociedad aplicando otros males de igual calaña.
      Se sabe que en la mente de muchos criminales anida el germen de la fuga. Eso lo entendía al dedillo el alcaide. Tenía que darles la ilusión del escape para dejarlos maniatados. Un poco tira, otro poco afloja. Después se cansan solos. Los reclusos del pabellón H lo entendían bien. 
      Es un acuerdo tácito. Así se llama. Las dos partes cumplen sus roles y no se quejan. Así reproducen el sistema. 
      Son el aguijón de la abeja. El tallo de una verdura. Se portan mal, de ese modo lo justifican. Cuantas verdades oscurecidas en nombre de la justicia. Si pudieran hablar, seguro lo callarían. 

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