sábado, 21 de marzo de 2015

Dia 307: El síndrome del hombre perro

      El suplicante clavó sus dientes sobre su dominador. No muerdas de la mano que suele dar de comer, ese es el dicho. Luego agregó unas frases ininteligibles. Babeaba como un perro. Incluso le salía espuma de la boca.
      El experimento funcionó bien. La cantidad de células insertadas era la ideal. La inestabilidad genética de los cromosomas se superó. Ahora ya podían decirle perro-hombre o hombre perro.
      En las películas éstas cosas suelen salir mal. El mensaje cinematográfico es el siguiente: no jodas con la naturaleza porque la naturaleza te va a terminar jodiendo a vos. En la vida real, las acciones de los hombres no suele ir anexada a esa clase de dilemas éticos y/o morales. En la vida real las cosas funcionan, y así lo hizo el hombre perro.
      Lo único malo que tenía era que la muestra originaria provenía de un caniche. Eso no favorecía su temperamento. De hecho solía morder a todo el mundo.
      Cómo todo experimento bastardo de la naturaleza humana, el hombre perro vivió pocos años. Agarró una cepa fatal de un virus desconocido por el hombre, y también por el perro. Los científicos bautizaron a la dolencia como el síndrome del hombre perro. De acuerdo a las estadísticas, el síndrome del hombre perro ataca a un hombre perro de cada un hombre perro. Las estadísticas no son concluyentes. Aún faltan más hombres perros. Aunque eso es materia de otro estudio.

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