miércoles, 25 de marzo de 2015

Día 311: Un arte para gobernarlos a todos. Un arte para encontrarlos,un arte para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas

      Había desarrollado una visión estética. El nacimiento de un nuevo mañana en el arte. Un huevo eclosionado, pero con mucha yema y nada de clara. El artista dejó atrás su etapa "de fluidos", ya los cuadros de sangre y caca no se vendían tan bien en el mercado.
      Hay que dejar volar el espíritu de Warhol. Contágiense, mundo. La locura ritual de abrir una lata de arvejas y frotársela en los genitales. Así es el arte. Responde a todas las invitaciones. A todos los timbres. Abre todas las puertas, aunque sean testigos de Jehová.
      Esa visión tenía algo de caverna, algo de Platón y la montaña de Sísifo con su piedra. Sobre la piedra se encuentra Atlas, quien se deja llevar en andas por una vigorosa Tierra. Moisés arroja las escrituras a una pira, reescribe los testamentos. Un peregrino camina bajo las estrellas que señalan el natalicio de un nuevo mesías. Ese bebé es la prueba. No hay Dios. Todo es Dios. Natural. Explosivo. Como sus instalaciones diarreicas.
      Hay que tomar una regla para medir los parámetros del buen arte. La regla de estiércol. El artista rebusca en el lodo y extrae lo impuro para todas las masas ávidas de una obra de la creación. Algo perfecto. Incluso inadvertido. Un buen pedazo de mierda.
      En otro apartado mandaría a destruir todo por el fuego. Una pira eterna de llama azul. Un estofado de arte. Arte para digerir y servir en la mesa, junto a unos pancitos para ponerle un poco de queso cremoso. Alabado sea el señor de los quesos.
      Las criaturas se harían realidad en la noche. Como los monstruos. Como los pitufos. Como toda clase de mentira repetida muchas veces hasta convertirse en verdad. Así sería su arte. Un buen pedazo de mierda.

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