jueves, 26 de marzo de 2015

Día 312: Ciclo lectivo

       En el aula las voces aplican el silencio. El maestro extiende su larga perogrullada con su lengua de lagartija. Los alumnos permanecen anexados al pupitre gracias a la magia de las convenciones. La amenaza de muerte se ceñía sobre sus cabezas.
       Las normativas de la cuarta convención educativa cimentaron las libertades docentes para juzgar y hacer detener a posibles detractores del Partido.Un par de palabras poco agraciadas y el camino al pabellón de detenciones sería una realidad. Los niños lo sabían mejor que nadie. 
       El asunto estaba en escupir la lección tan como se había enseñado. Sin alteraciones. Las palabras justas. Al pie de la letra. Un mínimo agregado significaba libre albedrío. El libre albedrío conducía a la autodeterminación. El germen del pensamiento independiente.
       Eso lo entendía al dedillo los gobernantes del mundo. Las antiguas revoluciones fueron causadas por una falta de carácter de sus predecesores. Su incapacidad para imponer la dura mano de la ley les había costado en ocasiones sus cabezas.
       Por tal razón aceitaron el sistema que sostenía los ejes del régimen de castas. Nadie escaparía a su destino. Ser el yunque o el martillo. El gobierno moldeaba el acero.    
       La educación convirtió a los pordioseros en artículos de limpieza y artefactos modernos. El ideario de servir al Partido. El Partido es la única revolución. 
       Sin embargo no lo podrían contener. Algún día resurgirán los gremios. Los trabajadores, las personas, los niños, los viejos, exigirán sus explicaciones. Así es como van a llover unas cuantas balas sobre los cuerpos de las personas. 
       La sangre corre por las aulas. Un nuevo fantasma llamado libertad azota las puertas del Templo. Se expande por debajo de la tierra. Subyuga a las masas oculta y las despierta. El momento ha empezado. 

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