viernes, 27 de marzo de 2015

Día 313: Fitzcarraldo

      El negocio de los piratas está en baja desde mediado del siglo XIX. Ya está escrito en los sagrados testamentos del pastafarismo. El incremento del efecto invernadero está relacionado con esta falta de bucaneros de alta mar. 
      Con esa idea por la cabeza andaba Ricardo antes de comprarse una lancha con motor fuera de borda. Bautizó a su embarcación con una botella de sidra que guardaba en la heladera desde hace un par de navidades. Así fue como "Pequeño lorito" zarpó de las costas de la laguna de Chascomús. 
      Ante las complicaciones se refugiaría en un camping. Invierno no era bueno para la actividad. Los pescadores solían dejar sus billeteras en el muelle, junto a sus señoras, sus suegras y sus hijos. Así que el único rédito económico del rondín del pirata Ricardo era los pescados. 
      El pejerrey se volvió su moneda de cambio. El negocio no prosperaba. Y el "Pequeño lorito" necesitaba nafta, como cualquier cacharro marítimo.
      Poco a poco el barco pirata se volvió una lancha mercante. Robaba pescado y lo vendía. A buen precio, por supuesto. Para Ricardo, un buen negocio, de los prósperos, necesitaba el contacto con el mar. Más o menos unos cien kilómetros de obras hidráulicas.
      Ricardo tenía todos los planos para iniciar su proyecto. Para no caer en un acto de originalidad lo llamaría el canal Ricardo. 
      Las ideas tarde o temprano caen bajo el propio peso de su irrealidad. Así ocurrió con su proyecto hidráulico. Los pueblos no tardaron en aparecer. Las personas contratadas para el trabajo tampoco tardaron en pedir su paga. Y los organismos licitadores tampoco tardaron en poner sus peros. Bueno, no, en realidad toda la cosa era más bien ilegal. 
      El canal de Ricardo llegó a unos meritorios 57 kilómetros. Sus aventuras inspiraron a cientos de muchachos ávidos de cavar pozos en los fondos de sus casas. Su pasado pirata fue pronto olvidado. Así también Ricardo. Aunque algunos pescadores cuentan que cada tanto ven una lancha amarilla cargada de pejerreyes y tierra surcando la laguna. 

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