sábado, 28 de marzo de 2015

Día 314: Es por la caca

      Los panes y la levadura. Los panes y la levadura. El horno rebosaba con la masa de los futuros panes. Leva la flautita. Leva el miñón. El panadero está en su salsa. Y le gusta. A la mañana vienen los primeros clientes. Los que llevan las facturas para el mate. Luego, a eso de las diez empiezan a caer los reservados de los calentitos.
      Sus favoritos son los compradores agradecidos. Esos que te dicen, pero qué rico pan. Esos hacen su día. Porque hacer pan es una alegría. Luego de una selección de los mejores elementos. Hornear la porquería. Nada más gratificante. Y cada tanto, esos elementos especiales.
      Es un poquito. Nada para levantar la perdiz. Este pan tiene un gusto un poco más salado. Me gustó. ¿cuál es su secreto? ¿es la levadura? Los panes y la levadura. A veces les gustaría gritarles en la cara, con una sonrisa afable, ¡ES POR LA CACA! ¡LE PUSE UN PEDAZO DE MIERDA ENTRE LA MASA!
      Y así fue. A este panadero le gustaba cada tanto colocar un trocito de caca entre los panes. Como para darle ese sabor tan especial de fábrica. Los viernes meaba las facturas, pero eso ya era una historia diferente. La caca en el pan era como su marca registrada.
      Pero qué rico pan, qué le pone. Caca. Caca. Solo caca con harina y levadura. Parece pan de salvado, por lo marroncito. Por suerte los de bromatología no jodían. Cada tanto venían a inspeccionar el local. Él se aseguraba en persona que el local se encuentre en óptimas condiciones. Nadie sospechaba de sus experimentos culinarios.
      Además el horno quema todos los bichos. Nada más sano que lo que sale de las propias entrañas de un panadero. El amor es lo que nace de adentro, así dicen. 

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