lunes, 30 de marzo de 2015

Día 316: Galactus

      Es mucho o demasiado. Lo que piden los estúpidos para derretir el sol con un pedazo de hielo. Por que alaban un planeta que ya mataron hace mucho tiempo. Desolaron una galaxia hace un tiempo atrás. No es cosa difícil cuando se cuenta con las herramientas necesarias para tal labor.
      La fantasía es encontrar el monto asegurado para llenar las cuotas de destrucción que pide la plana mayor. Pero nunca ocurre. Hay muchos planetas estúpidos. Apagados por las sombras de los imbéciles que lo llenan con sus idioteces.
      El negocio de los destructores de planeta está en baja. Cada vez quedan menos artesanos, esos que explotan estrellas como globos con métodos manuales. Vieja escuela. Ahora los lásers termonucleares abreviaban todo el trabajo. Solo se trataba de un estúpido al mando de un botón, por lo general colorado. Una minucia.
      Después estaban los coleccionistas. Los buscadores de tesoros galácticos. Un poco de polvo de tal planeta, una roca de tal satélite. Ellos viven en una nostalgia planetaria. Anhelos de las cosas que fueron y nunca más serán. Luego lo destrozan todo, como los demás. Pero con lástima.
      A veces el cruce de escuelas es inevitable. Cada tanto las naves suelen atravesar los mismos cuadrantes. El universo es más pequeño de lo que parece. Por fortuna los destructores de galaxias resuelven sus problemas de forma civilizada.
      Los destructores presentan sus armas. El duelo dura apenas unos segundos. A veces terminan todas las tripulaciones muertas. Son los riesgos de la profesión. Un aria se erige entre el silencio del universo negro. Nadie da cuenta de las cosas que ocurren. A veces es una pequeña luz. Y así es como todo se esfuma. Una vez más. 

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