martes, 31 de marzo de 2015

Día 317: Figura circular

      Pagar por el sueño contenido en un reloj de arena. Un enorme instante de nada, abrigado por las dudas en una noche calurosa. A la intemperie mueren los corazones color ceniza.
      Brilla opaco sobre el mueble. Es un viejo esquinero. Lo compraron en una subasta. Debajo, por el piso, se arrastra el litigio de lo aberrante. Un apoyo para el que no lo tiene. Una pata para el manco de alma.
      Sismo perfecto. Revolcón jugoso. Las paredes hacen el amor con sus sombras y así configuran el resto de los días por quedar. En el amor de una duda que insiste y demarca.
      La señalización que conduce al caos. De lo inalienable y su imperfección. Una tuerca que hace juego. El ruido, la grieta. En el agujero donde reposa el tornillo sin nombre. Anónimo desvelado. Por lo menos un sedicioso de la palabra. Un órgano desaparecido del cuerpo. Almas sin trasplante. Plantas apagadas. Sin regar.
      Agua de la vida cae a chorros sobre las montañas. El ritmo de lo natural no espera ni empuja. Maneja sin coaccionar. Muestra sin mirar. Y ante todo despierta. Es en el letargo su opuesto. La figura monumental de la vigilia. El pensamiento luminoso.
      La bola de cristal turbia se congela. Depara los sueños abiertos de quienes la contemplan. Esas personas caminan y toman el camino del medio. No aminoran la marcha. Solo siguen, como si no supieran hacer otra cosa. Lo adelante. Lo no-atrás. Ante el miedo, desprevenido, de mirar. De encontrar. Una misma figura circular.

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