miércoles, 1 de abril de 2015

Día 318: Retraso

      Esa era la promesa. Cercano al final, los marcianos volverían a repoblar la Tierra. Estaba en las escrituras del profeta de aquella religión que profesaban él y unos cuantos. En realidad estaba metido en toda la porquería por mamá. Se encontraba enferma, a punto de morir. Necesitó algo de esperanza y buenas vibras, y la encontró. Claro, murió de todos modos. 
      Y José quedó atado a los Guardianes del amanecer nuclear. Guardianes del amanecer nuclear, parece un nombre sacado de la guerra fría. Esa fue la primera impresión de José al cruzar las puertas del templo. Mamá estaba chocha. Le había prometido unas jornadas extensas de sanación espiritual. Juntos vencerían al terrible flagelo de la enfermedad.
      Al cáncer poco le importaron los rezos. La cosa funciona por sus propias leyes. Es como un forajido con ciertos privilegios sobre el cuerpo humano, lugar en donde hace y deshace a su conveniencia. Mamá tampoco prestó mucha atención a las reticencias de José. Hay que entender, la mujer tenía una enfermedad brava y vivía desesperada, contando los segundos para morir. Más o menos así. A José tampoco le hacía mucha gracia la situación. Su trabajo no le bastaba para pagar el trabamiento. Tuvo que recurrir a un préstamo, vender el auto, y esas cosas que uno hace cuando decide meter la cabeza en el horno de la vida. 
      Los Guardianes del amanecer nuclear también requerían su paga. Con el tiempo serían un nuevo acreedor. Toda una sarta de mentiras salían de las bocas de estas personas. Al parecer existía un planeta llamado Marte, lleno de criaturas espaciales. Marcianos. Y estaban enojados, no con los monos, tampoco con los elefantes.
      Resulta que se habían encabronado con los humanos. Nos habíamos portado mal. De acuerdo al cuento de los guardianes, dentro de dos días vendría una nave extraterrestre con una bomba nuclear dentro de ella. La usarían para volar en pedazos cualquier rastro de humanidad. Luego llenarían la Tierra de vuelta, pero con una especie un poco más buena que la anterior.
      Un centavo por cada mentira contada por las religiones a lo largo de decenas de miles de años, pensaba José. Dos días. Es más probable que mamá se cure del cáncer y sea mordida por un highlander a que ocurra la fábula de los marcianos enojados.
      El discurso de los guardianes proseguía, con un in crescendo de las fantasías. Al parecer la historia se hacía cada vez más inverosímil. 
      Un estruendo hizo saltar a mamá de la butaca. Parecía como si alguien hubiese dejado caer una piedra de treinta kilómetros desde muy alto. Raro. El templo no se hallaba en una zona de terremotos. Las personas, asustadas salieron del recinto. 
      José miró al cielo. No pudo contener la risa. Los idiotas se habían confundido. Dos días. No, no eran dos días. Allá estaba la nave, más abajo el aparato nuclear que caía en dirección a la Tierra. No eran dos días. Era hoy. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...