sábado, 4 de abril de 2015

Día 321: Un cuadrado negro

      Le agradezco por el cigarrillo. Lo fumaremos con entusiasmo. Casi diría que sumidos en un éxtasis ritual. No siempre nos dejan fumar en el ala. A la vieja de enfrente le da miedo que le prendamos fuego los jazmines. Vieja puta. Si supiera como le abonamos todos los días sus plantitas con nuestras heces. Si, eso, heces. Mierda de loco. Nuestra caca adoba sus preciosos jazmines. Vieja puta.
      Y después nos hacen una escenita por un cigarro. Tarada. No sé. A veces perdemos las feces en la humanidad. Es una cosa de más de a dos. No es cuestión de que yo, vos o el resto creamos en algo. Es lo que se tiene que hacer, pero de a muchos. Y no tiene por qué ser una fiesta. Aunque tampoco pensamos en algo super serio. Elegante sport. Lo mejor de ambos mundos. Príncipes y mendigos. Y todo el resto de las metáforas idiotas que vienen al caso.
      Calamos una pitada. Es rico aspirar el humo, dejarlo que juegue en el paladar. Luego lo conducimos a la tráquea, y de ahí directo a los pulmones. Sé que de todos modos nos vamos a morir. Qué mierda me importa. La vida se vive de todos modos, es algo tan inevitable como la puta muerte. 
      Cada loco con su canción y a nosotros nos gusta el silencio. En música el silencio se suele anotar como un cuadradito negro sobre el pentagrama. A veces es como una ese rara, si el silencio es más corto. A nosotros nos gusta el silencio más largo. Son como muchos cuadraditos negros, uno al lado del otro. Es algo así como una versión extendida de ese tema famoso de John Cage. Hasta la eternidad.
      El único ruido es lo que viene de adentro. Los pulmones inhalan y exhalan. El humo es invisible y no hace ruido. La muerte tampoco. Vivir tampoco. En realidad las cosas más importantes de nuestra existencia son las que no hacen ruido. Así es como nos suele tomar por sorpresa, porque no avisan que vienen. No hay señales de que están por venir.
      Por momentos somos personas odiosas. Nos quieren echar del recinto. Dicen que somos conflictivos y pedantes. Que nos gusta armar despiole. O quilombo. En efecto somos sensibles a la verdad. Nadie nos vacunó. Nadie nos clavó un suero. Permanecemos sentados, inertes ante el flujo de la realidad. 
      Algún día les va a venir alguien por atrás, sin hacer ruido, y los va a matar. Así también operan los mejores asesinos. Todo el mundo debería estar ciego y sordo. Es mejor vivir en las tinieblas, cultivar la ignorancia. Así se vive en un terreno más seguro. Siempre se pisa mejor cuando no se sabe adonde se va.
      Por cierto, nos faltan árboles. Esos de los que dan sombra. Las paredes suelen refractar toda la luz. Eso da calor, además. A los ojos del demonio hay que arrancarlos de cuajo y comérselos. Con huevos fritos. O así nomás. Son ricos de todos modos. Si algún día morimos, seguro esto va a ser nuestro testamento, porque está escrito, y por que alguien lo va a leer. En ese caso. Dejamos nuestro cuerpo a la tierra. Ellos van a saber qué hacer.

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