domingo, 5 de abril de 2015

Día 322: .O.K

      Ensayó el golpe con juvenil demencia. No sos como te concibieron tus padres. Ahora sos viejo. Arrugado. Un espermatozoide desperdiciado. De la vida a veces queda poco. Cada vez menos. Es el carrete de una película conocida por todos. A la muerte, los créditos.
      El logro de una vida se mide en acciones. A veces son muchas, otras casi nada. Aunque en realidad es más bien un cúmulo de cosas muy pequeñas, casi del tamaño de granos de polvo. De todos modos suelen ser una gran mentira. Logros. Vivir con un centímetro a ver qué tan largos o gordos son.
      El segundo golpe fue duro. La mandíbula estaba quebrada. Difícil que algo médico la ponga en su lugar. En el nombre de todas las caderas quebró el cuerpo. La sangre caía sobre el costado de la mesa. El charco se hacía cada vez más espeso.
      Así es el boxeo, en definitiva. Son dos hombres que lanzan golpes. También los reciben. Aunque es verdad que cada tanto algunas peleas adquieren dimensiones épicas. De todos modos, están los dos acabados. Nacieron fuera de tiempo, como una hamburguesa rancia.
      Como toda contienda se aguarda por el vencedor. A veces tarda segundos, a veces días. Las reglas del boxeo ya no son como antes. Ahora es un duelo de los de verdad, de esos que pueden durar por la eternidad, si la fuerza de los participantes lo permite. Igual tampoco llegan a tanto. En un día la cosa suele terminar.
      Lo mismo con las malas palabras. Los improperios ayudar mucho. Igual los golpes bajos. Antes no estaban permitidos. Ahora son más que útiles. Un golpe tras otro, hasta que el rival caiga, o muera. Nada será perdonado.

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