martes, 7 de abril de 2015

Día 324: Pleonasmos

      A la velocidad de las luces, así es como despierta una ciudad por las mañanas. De una pobre idea que nace, hasta el sueño más increíble. A los pies de una verdad rezagada, cosas que invaden países. Son nazis acelerados, tiranos del movimiento.
      A una distancia segura. Pasos de demolición. Los deseos destructores de las personas. Y sus por si acaso. Esas aperturas mundiales de paraguas. Una competición para unos pocos muchos. Hablan a través de sus inhaladores. Están cortos de monedas. También.
      Un hombre del renacimiento debe hacer lugar a sus sombras. Así es como empieza. Luego se obstruye por las tangentes. Explota como un gusano atrapado en un tubo bien largo. Un tubo de teléfono. Una llamada oportuna. Esa oferta para comprar un auto o acicalarse las uñas.
      Sueños de ciudad rápida. Noches negras. Noches de petróleo. Un ímpetu para las pasiones criminales de este mundo. El extraño orejón que sostiene el martillo. Seguro lo clavará sobre algún rostro. Son los asesinos.
      Manejan las tribulaciones de una especie perdida. Desollan corderos porque bien les sale. Son una tribu. Un síntoma. Una llaga en el agujero de las convenciones. Además matan. Porque eso les sale bien. Como otras tantas cosas, que son pocas y contadas, a su vez.
      Se llaman amigos del demonio. Una familia feliz. Todos se sientan a la mesa. Comen. Rezan. Cuentan sus anécdotas poco importantes. Se abrazan y van a sus camas. Eructan. Cagan. Mean. Duermen. Viven.

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