miércoles, 8 de abril de 2015

Día 325: ¿Viven?

      Atravesaron la montaña con sus sacos llenos de mierda. Por supuesto sobrevivirían. A la historia le gustan los héroes. Así fácil olvidan todos los pequeños detalles oscuros. Uno de esos hombres gloriosos se comió la pierna de otro hombre glorioso. Pero todos lo olvidaron. Es más fácil dejar pasar un minúsculo evento de antropofagia.
      De todos modos fueron héroes. Así los retrataron en los principales medios de comunicación. Luego los invitaron a algunos programas de televisión. Eran la sensación. Aunque nadie mencionaba los detalles oscuros, como comerse gente y esas cosas.
      Aunque lo peor de todo era lo que ocultaban. En realidad sí tuvieron que comerse entre ellos. Era una situación de vida o muerte. Necesitaban alimento. Allá en la montaña no pasaba ni una mísera cabra. Así que el hecho de rebanarse una pierna y cocinarla al asador se hacía una opción cada vez más factible. No, ese en realidad no era el mayor problema.
      Lo peor de todo era que lo seguían haciendo. Como un pecado culposo o vaya a saber por qué. Pero sí, todavía comían personas, aunque ya no lo necesitaran. De hecho preferían masticar un muslo humano a pedir una hamburguesa en Mc Donald's. Nadie decía lo obvio. La carne humana era muy rica. Deliciosa. Manjar de dioses. Comida gourmet. Por decoro, para no herir susceptibilidades, tenían que callarlo. Y claro, comer en silencio.
      Los psicólogos no lo entenderían. Fue un hecho traumático, es cierto. Que requiere atención profesional, eso también es cierto. Pero un profesional de la salud mental no lo sabría manejar, por cierto muy cierto, más que cierto. Un psicólogo con suerte los mandarían a encerrar. Cinco sobrevivientes de una catástrofe aérea confinados al loquero.
      Y no sería tanto problema si fuese un asunto de drogas o maltrato familiar. Las personas resisten los golpes o que cada tanto aspiren una línea de cocaína. Así es como los cría la televisión. Pero cuando una persona decide comerse a otra persona, ahí es cuando ponen el grito en el cielo. Ni que hablar si esa persona llegara a confesar que le gustó. Así es la moral en los tiempos de crisis.
      También es una suerte. A estas personas que tanto se les pudo haber negado las cosas simples de la existencia se les ha dado una oportunidad. Es una forma de salvaguardar el hambre, quizás no es la más lícita, pero sirve al propósito. Preferirán evadir las grandes cadenas gastronómicas. Se reunirán a comer con asiduidad. Y tal vez, cada tanto, se los vea frecuentar algún que otro restaurante de comida china.

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