lunes, 13 de abril de 2015

Día 330: Cinematografía

      El odio en la piedra caliza. Es una herida marcada, que no se borra. Puede conducir a los recovecos de la fe, a los callejones sin salida de una esperanza agotada. Es un concurso de estrellas que piden vivir una noche más antes de desaparecer. 
      En las confrontaciones de otros tiempos, recuerdos que se confunden, episodios que se alternan. Los días pasan rápido hasta la muerte. Sin alivios entre medio. El ritmo es lacerante. Óptimo. El ruido de una fábrica que no deja de bombear, una y otra vez, los fluidos hacia el circuito indicado. La máquina de vida no se detiene. 
      Puedes preguntarle al mundo cuántos colores tiene el televisor. Y cuántos televisores se necesitan para retratar al mundo. Un momento grande. Único. Detenido. Iluminar esa foto en movimiento. Un fantasma tras otro, diferente al anterior. Un truco de cámara. El reflejo de miles de lentes posando sobre una mariposa inquieta.
      Nacimos por aquellas preguntas. Enigmas sin resolver. Cartas de tarot arrojadas al tacho de basura. Somos el intento más acabado del azar y sus posibilidades de anticiparlo. La forma más depurada de la galaxia. Un tronco con universos dentro de sí. Una catarata de luces y sombras que alternan paisajes desolados, derruidos y los confines de un nuevo lugar, virgen a los sentidos, apenas creado para el bien de lo que vendrá. 

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