lunes, 20 de abril de 2015

Día 337: ¿Quién se ha tomado todo el vino?

      Sobrio. Así debería retirarse. Sin hacer esos despioles de antaño. Ser un hombre serio, un tipo de sociedad, esos que pueden saludarte con la mano sin echarlo a perder. Hay que abordar la valentía desde otro costado. Uno con menos margaritas.
      Estas fiestas de mierda. Ahora subiría al escenario un par de amigos para contar algunas anécdotas estúpidas. Luego comerían. Un pequeño brindis. Y las palabras del nuevo desterrado de la vida laboral.
      Todo con mucho humor. Así son las despedidas. Salvo que estés sobrio. Sin alcohol. La cabeza perdida. ¿Estaría borracho de tanta sobriedad? O al menos caía en ciertos pozos que le dejaba puesto la realidad. Así al azar.
      Primero, no estaba viejo. El sistema así lo dictaminó, y no podía hacer nada al respecto. Segundo, ninguna persona sentada a su alrededor era su amigo. Todos oportunistas. Ellos quieren mi puesto. No hay otra posibilidad.
      Tercero, los vampiros escondidos en el salón no tardarán en atacar. Esperan su momento. Uno de los malvivientes cortará la luz y luego sería su fiesta. Cuarto, todo podía suceder en las próximas horas. La empresa tiene pocos especialistas en su área. Es posible que un par de muerte a mano de sus nuevos amigos colgados del techo aceleren la restitución a su puesto, con todos los beneficios de sueldo.
      Claro ese sería, quinto, su juego. Si los vampiros los mataban a todos, no habría empresa. Lo mejor sería advertirles. Es lo mismo, no le crearían. Las porquerías son invisibles. El defecto en el ojo le permitía verlos. Estaban ahí, colgados del techo, saboreando las presas. 
      Igual lo peor es lo que le dejaría a los vampiros. Un cuerpo sobrio. Sangre sobria. No contaminada. Morirían de antilascivia, eso es lo seguro. Sexto.

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